el periscopio

cayetano García De La Borbolla

Churchill, ese rojo

Los liberales de hoy se apropian la figura de Churchill, pero ignoran que protegió a las clases bajas y fundió a impuestos a las más altas

HA sucedido una vez más: Bruselas, insaciable, nos pide otra subida impositiva. Hemos hecho aquí ya referencia anteriormente a los desequilibrios que presentan los sistemas fiscales en los países occidentales en general y, en particular, en España, haciendo soportar a la clase media el coste del Estado del Bienestar. En los últimos 30 años se ha ido demoliendo la arquitectura de un modelo que en Europa dio prosperidad y paz social a millones de personas, despojándolo de los recursos que lo sostuvieron durante casi un siglo: está claro que si los únicos paganos vamos a ser los trabajadores de clase media, y las pymes, no va ser posible seguir disfrutando de la sanidad, educación y pensiones, que empezaron a establecerse en Europa a comienzos del siglo XX.

Ya que nuestros políticos tienen pasión violenta por mencionar citas más o menos apócrifas de Churchill, podrían recordar que, en 1908, junto con Lloyd George, como miembros del gobierno liberal de Asquith -en aquella época la palabra liberal no se usaba con la ligereza que se hace actualmente-, fueron los responsables de acabar con el poder de la clase aristocrática conservadora, así como integrar al mismo tiempo al proletariado dentro del sistema, logrando que en Inglaterra no pasara lo que en Rusia a través de grandes reformas sociales: fundamentalmente, seguros de vejez, invalidez y desempleo. ¿Y cómo se consiguió este gran éxito? Pues de una manera sencilla, despojando a la aristocracia -entonces dueña en Reino Unido de casi todo- de sus cimientos económicos, al aplicar elevados impuestos sobre la herencia y los grandes ingresos. El anatema para los actuales liberales.

En un país como el nuestro, con una fiscalidad en la que prácticamente ha desaparecido el impuesto de sucesiones, la exacción de sociedades acumula deducciones absurdas y arbitrarias, y el IRPF sólo lo pagan los asalariados que no tienen más remedio; con un Estado y una clase media en bancarrota y endeudados hasta las cejas; más les valiera a nuestros dirigentes desempolvar las memorias de Churchill que seguro tienen en la cabecera de su cama, y empezar a apostar por ideas destinadas a racionalizar nuestro sistema fiscal de manera que sea verdaderamente eficiente y cumpla con la función redistributiva que le sirve de justificación.

La alternativa al Estado del Bienestar no es otra que violencia y miseria, así que intentemos preservarlo, como hicieron los liberales de hace un siglo. Lo curioso es que, a algunos, estos postulados de Mr. Churchill les suenan a terror rojo.

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