Visto y Oído

Antonio Sempere

Cine español

EL último Versión española de 2014 se vistió de fiesta. Tocaba celebrar mejor año de la taquilla que se recuerda, y allá que, bajo la invocación de san Luis García Berlanga, cuyo Plácido volvimos a ver, se reunieron en torno a la mesa Raúl Arévalo, Daniel Monzón, Borja Cobeaga y Javier Fesser. Bonhomía por los cuatro costados.

Pero lo que son las cosas. Gozando, como siempre, de un coloquio tan goloso y repleto de complicidades, me acordé, y mucho, del productor Gerardo Herrero. El único que ha sido capaz de estrenar cuatro películas este año que acaba. El único que ha sido capaz de levantar no uno ni dos ni tres sino cuatro proyectos que él mismo distribuyó en salas entre julio y noviembre: Marsella, Betibú, La ignorancia de la sangre y Fuego. Resulta que las cuatro funcionaron muy mal. Tanto, que a duras penas llegaron a su segunda semana en cartel, muy mermadas de pases. Baste recordar que Fuego no llegó a los 9.000 espectadores en toda España durante el fin de semana de su estreno. A pesar de contar con José Coronado en el cartel, como en Betibú.

Tengo en gran estima a Gerardo Herrero. Me gustan su buena educación y su mesura. Recuerdo la ilusión con la que afronté los cuatro viernes de estreno de este 2014. Vistos, eso sí, en la más absoluta soledad. Por eso fue inevitable tenerlo presente esa noche de balance cinematográfico del año. Nadie más que él es capaz de levantar cuatro proyectos de tamaño medio (para nada estamos hablando de cine low cost) en tan corto espacio de tiempo. Durante tantos años consecutivos. Merecería más atención. La peor de las críticas es el silencio.

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