Tomás garcía rodríguez

Doctor en Biología

Cipreses de eternidad

Más que un recuerdo de la muerte, el ciprés indica el camino al paraíso

Las plantas benefactoras de los bosques primitivos que circundaban las ciudades eran veneradas, poseyendo cada una su propio significado simbólico. El ciprés mediterráneo, Cupressus sempervivens, es una conífera que tiene sus orígenes en la cuenca mediterránea oriental, estimándose que los fenicios lo llevaron desde Chipre -de donde procede su nombre genérico- a Creta, Grecia y después hasta los confines de Occidente. Es un árbol de presencia mítica en culturas ancestrales, signo de generación, muerte y resurrección, pues su raíz principal crece en vertical buscando las profundidades terrestres, el inframundo, mientras su porte erguido piramidal anhela el firmamento. Su perenne verdor, su longevidad y su materia interna incorruptible también inciden en considerarlo un vehículo hacia la eternidad, y por ello es frecuente en camposantos y monasterios. La vida y la muerte eran dos conceptos indisolubles en los sentimientos y creencias de estas civilizaciones y, así, egipcios y mayas enterraban a sus muertos junto a ofrendas de diversa índole para que el viaje hacia el más allá fuera reconfortante.

Su inalterable madera sería usada profusamente en la construcción de navíos fenicios, griegos, romanos o vikingos, citándose en la Biblia que Noé construyó con ella su arca por orden de Dios: "Hazte un arca de madera de ciprés; harás el arca con compartimientos, y la calafatearás por dentro y por fuera con brea" (Génesis 6:14). Asimismo, el rey judío Salomón la solicita a Hiram, rey de Tiro, para recubrir su magnificente templo, y el rey fenicio responde a Salomón: "He oído lo que me mandaste a decir; yo haré todo lo que te plazca acerca de la madera de cedro y la madera de ciprés" (1Reyes 5:8). En la mitología grecorromana abunda la presencia de este árbol mágico consagrado a Hades-Plutón, dios de los muertos. Las grandes vías romanas solían demarcarse con ellos, y alertaban al viajero en las proximidades de núcleos urbanos: un ciprés indicaba la posibilidad de avituallarse de agua; dos juntos, significaban comida; tres, centros de reunión o lupanares.

Su madera tallada imprime una impronta eterna a icónicas imágenes de la Semana Santa sevillana como la Virgen de la Esperanza Macarena, la Virgen de la Estrella, el Cristo de las Misericordias, la Virgen de Guadalupe, la Virgen de la Aurora, el Cristo de la Caridad y otras figuras de pasos procesionales.. La simbología funeraria es la que se ha filtrado con preferencia en las sombrías sociedades modernas aunque, más que un recuerdo de la muerte, el ciprés indica el camino para que las almas aspiren al paraíso, a la inmortalidad.

"Enhiesto surtidor de sombra y sueño/ que acongojas el cielo con tu lanza,/ chorro que a las estrellas casi alcanza./.../ Cuando te vi señero, dulce, firme,/ qué ansiedades sentí de diluirme/ y ascender como tú/ vuelto en cristales,/ como tú, negra torre de arduos filos,/ ejemplo de delirios verticales,/ mudo ciprés en el fervor de Silos"(Ciprés de Silos, Gerardo Diego)

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