Un día en la vida

Manuel Barea

mbarea@diariodesevilla.es

Ciudad maravillosa, desastre de barrio

¿Acaso hay alguien que se sienta de un lugar con el nombre de distrito? Eso sólo le puede servir a Hacienda

Una más que incorregible propensión a posponerlo casi todo, a ejercer la procrastinación como puro vicio, me lleva a leer con una semana de retraso la entrevista del colega Luis Sánchez-Moliní al ingeniero Indalecio de la Lastra (Diario de Sevilla, 28-10-2018). Lo bueno de amontonar periódicos -sí, en papel- tiene estas cosas: se repasan antes de llevarlos al contenedor para que los reciclen en lo que sea que los reciclen y así, de vez en cuando, se siente el goce del hallazgo, algo con lo que no se contaba, la sorpresa, la satisfacción de encontrar lo que ni siquiera se buscaba. Los ojos reparan en el detalle. LS-M consigue con el titular su objetivo: "Debemos entender a Sevilla como una ciudad policéntrica". Es un anzuelo bien preparado. Atrae.

¿Por qué dice esto De la Lastra? Lo explica. La ciudad debería tener muchos centros bien comunicados entre sí. Y en ellos los vecinos deberían tener lo estrictamente necesario para vivir. Así, la fiebre de las infraestructuras podría bajar y se aliviaría en parte el calentón que se padece debido a esto: se ahorrarían muchos desplazamientos, viajes… Los barrios gozarían de más autonomía. Ahí está la palabra. Barrios. Cincuenta o sesenta en esta ciudad, recuerda el ingeniero. Nada de distritos. ¿Qué es un distrito? ¿Acaso hay alguien que se sienta de un lugar con ese nombre? Es un término de burócrata, puede que adecuado para la ciencia ficción. Es inhóspito. Es frío; más que frío, gélido. Puede que le convenga para su trabajo a un inspector de Hacienda y a un concejal-delegado con ínfulas. Pero poco más. Y así los barrios se difuminan entonces en la cartografía administrativa de un distrito. O de una zona -otra denominación despreciable, suena a guerra, a estado de sitio, a toque de queda- que los engulle con voracidad, los confunde con la traca (y la matraca) política y los borra con el aguarrás de la modernez.

Y me creo lo que dice el ingeniero cuando narra su experiencia como miembro del equipo que elaboró el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de 2006, aún vigente y del que apunta que es necesaria una revisión. Para hacer un diagnóstico sobre el que trabajar encuestaron a los vecinos. La mayoría no tuvo reparos en responder que Sevilla es una "ciudad maravillosa", para los enfermos de ombliguismo "la más bonita del mundo", pero con la misma determinación emplearon la palabra "desastre" para referirse a su barrio. Sevilla era el centro. Es su centro. Con él la identifican. Una docena de años después muchos siguen pensando así. Y no les falta razón. La ciudad es maravillosa, pero el barrio es un desastre.

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