Ciudad segura

Podemos llegar a la rara conclusión de que la gente de los barrios hartos se queja de oficio y de vicio

En las campañas electorales hay una especial predisposición a las chorradas. Esto lo escribí el sábado pasado y lo podría repetir todos los días, como cuando el profesor castigaba a los niños en el colegio. En plena campaña andaluza se ha difundido que Sevilla es una ciudad segura. Esta conclusión se basa en el Balance de Criminalidad, donde la tasa ha bajado del 68% registrado en 2017 al 64,4% en el periodo de enero a septiembre de 2018. Estos datos los presentó el subdelegado del Gobierno, Carlos Toscano, que los atribuyó a los méritos de la Policía Nacional y la Guardia Civil, gracias a la gestión socialista, frente a los recortes de los tiempos del PP. En la realidad, el subdelegado Toscano tomó posesión el pasado 2 de julio, por lo que él ha estado en el cargo menos de tres meses del periodo de nueve meses que analizó.

Es decir que en ese periodo, en el Ministerio del Interior, Juan Ignacio Zoido permaneció casi el doble de tiempo que Fernando Grande-Marlaska, y en la delegación del Gobierno estuvo Antonio Sanz casi el doble de tiempo que Alfonso Rodríguez Gómez de Celis; por lo que puestos a repartir los méritos del periodo le tocaría sólo un tercio al PSOE. Una cosa es que tengan mucha memoria histórica y otra que se les olvide la memoria de este mismo año, que no empezó en el mes de julio.

Después está la percepción subjetiva de los vecinos, a la vista de las quejas. ¿Recuerdan la manifestación de Pino Montano? ¿Recuerdan las quejas en la Macarena por los incidentes en la zona? ¿Recuerdan las declaraciones para pedir más policías? ¿Recuerdan la excursión de los barrios hartos a las setas?¿Recuerdan las noticias de los alunizajes de agosto?

Puede que la percepción y la realidad sean diferentes. Según las estadísticas que presentó Carlos Toscano, los robos de vehículos han bajado un 43%, los homicidios dolosos y asesinatos consumados un 33%, y los robos con violencia un 12,1%. Podemos llegar a la rara conclusión de que la gente de los barrios hartos se queja de oficio y de vicio. O bien se podría concluir que no es un problema derivado del número de policías, sino de los sinsabores del verdadero policía, como la novela de Roberto Bolaño. Es decir, que resultan más útiles dos policías buenos que tres malos. Los que tenemos son excelentes. Todos esos éxitos estadísticos se han conseguido con un aumento de 66 policías y guardias civiles en los 105 municipios de la provincia.

La alegría va por barrios en la percepción de los delitos. Ahí tiene mucho que decir la Policía de Barrio, que brilla por su ausencia. En unos hay más seguridad que en otros. En caso de duda, se manifiestan los vecinos de los barrios hartos.

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