Visto y oído

Antonio / Sempere

Clásicos

Clásicos populares ya es historia. Sentíamos curiosidad por saber cómo sería la despedida. Y asistimos a ella, con unos kleenex cerca. Por si acaso. Fernando Argenta no estaba para discursos. Se justificó argumentando que hay sentimientos que no se pueden expresar con palabras. Que lo mejor, en tales circunstancias, era que hablase la música.

Y así fue. Fernando calló, y durante la sobremesa del jueves 31 de julio Clásicos populares hizo honor a su nombre. Las melodías archiconocidas se sucedieron sin solución de continuidad. Tal como las pudimos escuchar en esas colecciones que, con la misma denominación, editó el sello RTVE Música. En sus últimas palabras, Argenta se manifestó muy satisfecho por el estreno, esta semana, de El conciertazo en su versión de la televisión italiana. Escuchando tantos clásicos populares, dicho sea en letra minúscula, durante el último día de julio, fue inevitable sentir algún que otro pellizco en el corazón. Porque, entre tantas melodías, en tantas notas a un tiempo sublimes y cotidianas, evidenciábamos cómo, en la compañía del programa, había pasado la vida. Treinta y dos años de vida, nada menos, para quienes ya vivieran en 1976. Impresiona pensar que personas queridas que fallecieron hace mucho tiempo ya formaban parte del club de amigos del programa.

Hay gente que acude al gimnasio a fortalecer los músculos. Y hay otros, como un servidor, que practicamos la gimnasia emocional. Dejando el corazón a la intemperie de los sentimientos. De los encuentros. De los desencuentros. De los abrazos y las despedidas. Ahora, en tiempos de verano, tan a la orden del día. La música, la buena música, nos ha servido de banda sonora de muchos de los capítulos de nuestra biografía. Por eso fue tan fácil que el jueves se escapara alguna lágrima.

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