El balcón

Ignacio / Martínez

Cobrar lo mismo

CON motivo de la presentación de su último libro sobre la educación en España, el filósofo José Antonio Marina ha dicho que los buenos profesores no deberían cobrar lo mismo que los malos y se le ha echado encima buena parte de la comunidad educativa. Sin embargo, la propuesta está llena de sentido común: habría que evaluar a los docentes y remunerarles en función de su capacidad, celo profesional y dedicación. Es algo de Perogrullo, que no habría que limitar sólo a la enseñanza. A diario nos cruzamos con buenos y malos servidores públicos, que de una manera muy injusta cobran lo mismo.

No es infrecuente en la enseñanza, la sanidad o en cualquier oficina de la Administración encontrarse a un tipo de funcionario al que el público le resulta molesto. Una actitud doblemente injusta. Primero porque incumple su obligación de prestar un buen servicio a los usuarios. Y después porque cobra lo mismo que sus compañeros que hacen bien su trabajo. Lo mismo, o quizá más, si tiene más antigüedad.

Hay que agradecerle a Marina que haya publicado en vísperas electorales, Despertad al diplodocus, cuyas propuestas pueden sumar la educación a los tres temas estrella de la campaña. Las tres cés: crisis, corrupción y Cataluña. El diplodocus dormido es el enorme sistema educativo español: siete millones de alumnos, 650.000 profesores, 45.000 millones de presupuesto.

Marina sostiene que es un sistema estancado, "insuficiente para mantener nuestro nivel de vida económico y ético". Un sistema que no sale bien parado en el programa internacional de evaluación de estudiantes, en fracaso y abandono escolar, o en empleabilidad de los jóvenes. En abandono escolar, sin ir más lejos, España con un 22% tiene la tercera media más alta de Europa, sólo precedida por Portugal y Malta. Un índice que en Andalucía llega al 28.

El pedagogo plantea evaluar a los docentes. Los sindicatos, grandes aficionados a repartir de manera homogénea los pluses de productividad donde quiera que los haya, se oponen y replican que hay que evaluar todo el sistema educativo. Marina insiste en que es posible una evaluación ajustada por un método complejo: historial del profesor, progreso de los alumnos, relación con las familias, observación en el aula de su desempeño, colaboración con el centro y otros docentes, opinión de los alumnos… Los buenos no pueden cobrar como los malos. Es más, los malos no deberían seguir en sus puestos: aprobar una oposición no puede ser un cheque en blanco. He ahí un segundo debate que nos deja el filósofo. Para pensar.

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