LA Agencia Estatal de Meteorología se vio ayer obligada a explicar una obviedad: lo normal es que en enero nieve en España y lo anormal (como viene ocurriendo durante los inviernos desde 2001) es lo contrario. Y tan normal es que nieve y haga frío que la Dirección General de Protección Civil afirmó ayer que el temporal no le había cogido por sorpresa, como prueba el que todos sus efectivos estuviesen sobreaviso y se hubiese decretado la alerta meteorológica en más de veinte provincias españolas. Pues bien, pese a estas obviedades y alertas previas, la nieve provocó ayer un colapso en los sistemas de transporte (carreteras, aeropuertos y, en menor medida, la red ferroviaria) de Madrid y del Centro, cuyos efectos en cascada se extendieron al resto del país, con cancelaciones y desvíos de vuelos, y miles de conductores atrapados en sus vehículos. El aeropuerto intercontinental de Barajas estuvo cerrado durante casi cinco horas por una capa de nieve de tan sólo 1 a 5 centímetros y la DGT, para justificar el caos circulatorio, llegó a afirmar que la red de carreteras española no está diseñada para nevadas de esta insistencia. De admitirse la validez de este tipo de asertos, Europa entera, donde caen más de cinco centímetros de nieve en sus aeropuertos y carreteras durante días y días, y las temperaturas invernales son de hasta dos dígitos bajo cero, estaría totalmente colapsada durante la mitad del año. Dado que países con inviernos mucho más crudos que el nuestro funcionan razonablemente, la conclusión también es obvia: el problema no es la nieve, sino la imprevisión y la descoordinación de las administraciones públicas. Cabe preguntarse por qué no había máquinas quitanieves en Barajas o por qué entraron en servicio en las carreteras cuando el colapso estaba servido y no con la caída de los primeros copos, o por qué , como en el resto de Europa, no existen sistemas de información meteorológica vial en tiempo real. No es la primera vez que ocurre este caos. En otro caso anterior, Zapatero pidió públicamente disculpas a los españoles y prometió que adoptaría medidas para evitar su repetición. Ya no es hora de excusas, sino de exigir responsabilidades: un país moderno no puede quedar paralizado por el primer temporal del invierno.

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