La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

La Colosal

Ni la Colosal es de Murillo ni está en el Museo de Bellas Artes. Colosal, la Esperanza Macarena en su paso

Calle Feria, anteayer. En una punta mi Señor del Silencio en besamanos, mirando con triste dulzura el tormento -trono, lanzas, espadas, burlas, desprecio- que le aguarda en su paso. En la otra, la Esperanza en su palio sin candelería, más poderosa cuanto más expuesta y menos resguardada está. Ayer empezaron a fundir. La Esperanza se somete con modestia a los trabajos que estos días se hacen en todos los palios, Ella, que podría salir tal y como el domingo estaba. Pero nada la oculta, la mengua o le resta poderío. Crecen tanda a tanda los candeleros, se alza sobre ellos la cera, y la Esperanza no se achica. Sigue siendo la giganta que vimos el domingo sobre la desnuda mesa de su paso. Mysterium Fidei Hispalensis.

Lo sentía viendo una fotografía de Antonio Sánchez Carrasco en Sevilla cofradiera. La Esperanza de espaldas saliendo de su Basílica. El manto parece preso de la enredadera de fuego formada por los candelabros de cola al fundirse con las altas velas rizadas y la última tanda de la candelería. Pero aún ultimado y encendido, el paso no mengua el desnudo poderío de la Esperanza. Ni la Colosal es de Murillo ni está en el Museo de Bellas Artes. Colosal, la Esperanza Macarena en su paso.

Si todas las imágenes tienen una altura parecida y todos los mantos miden más o menos lo mismo, ¿por qué la Macarena de espaldas es tan colosal y abrumadora? Si en esta fotografía no se le ve la cara, ¿por qué es tan Ella? Es su cara, claro, ¿qué va a ser si no? Pero no es solo su cara, es Ella. Y Ella es su cara y el mundo que en su torno le creó Ojeda como si en vez de terciopelo bordado la hubiera rodeado de espejos que la multiplicaran. Espejo en el que su cara se refleja son los respiraderos, y las caídas, y el techo de palio, y la corona, y los mantos que la hacen tan reina popular de su barrio -el de 1900- y tan reina majestuosa de Sevilla -el de 1930-, y los varales de Cayetano, y los candelabros de Seco, y las músicas de Gámez Laserna, Morales, Braña, Cebrián, Moreno, Ojeda y Hurtado. Todo es Ella, todo es rostro de la Macarena, todo es poder de la Esperanza, sembradora de amaneceres, vencedora de madrugadas y torre fortísima, que por algo la llamó Rodríguez Buzón Giralda en repique de alegría.

No sólo de frente y de perfil, también de espaldas más buena moza no cabe. No tiene cruz esta cara. Por eso todo acaba bien en la Macarena, caiga como caiga la moneda de la vida.

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