La esquina

josé / aguilar

Combustibles sospechosos

LA Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia ha advertido que el margen bruto de los carburantes en España (el precio antes de impuestos) se disparó en el mes de enero. Concretamente, un 25% de subida media de la gasolina con respecto a enero de 2013 y un 11% el gasóleo. ¡Qué brutos! Los precios que apoquinan los consumidores son los cuartos más elevados de toda la Unión Europea, si bien los impuestos son bastante más bajos.

Ahora que caigo, mientras escribo, me doy cuenta de que esto ya lo había escrito en otra columna, quizás hace meses. La reincidencia obedece sólo al hecho de que las compañías distribuidoras son reincidentes. El problema viene de lejos. De modo que la pregunta es de cajón: si estas subidas no están del todo justificadas por el precio del crudo en el mercado internacional y la Comisión Nacional las denuncia una y otra vez, ¿por qué no se hace nada?

Veamos. Desde septiembre pasado los precios internacionales del combustible tuvieron una bajada considerable y luego se han mantenido estables. Pero no hay manera de que las compañías trasladen estas caídas a los precios que ellas cobran en las estaciones de servicio. Esto se conoce en el argot del mundo gasolinero como el efecto cohetes y plumas: la gasolina sube como un cohete en cuanto aumenta la cotización internacional de los carburantes, pero baja con la lentitud de una pluma cuando la cotización se reduce. Desenfado incontenible para aplicar los repuntes y resistencia feroz para reflejar las bajadas.

Además, apenas hay diferencia de precios entre las tres grandes empresas (Repsol, Cepsa y British Petroleum) que controlan el 85% del mercado, y eso huele que apesta a acuerdos entre ellas para vulnerar las reglas de la competencia. Un oligopolio con todos sus avíos. En este diagnóstico coinciden todos los que han estudiado el sector sin tener intereses en el mismo. Incluso hay consenso en las posibles soluciones, que no pueden ser otras que facilitar el establecimiento de gasolineras independientes, ajenas a las tres compañías del oligopolio, y limitar por decreto la cuota de gasolineras que las tres pueden controlar, de un lado, e imponerles sanciones proporcionadas al daño que causan, de otro.

Daño que es mucho. Basta pensar en el encarecimiento del transporte que provocan. Así que, confirmadas prácticas, causas y beneficiarios, la cuestión candente es por qué el Gobierno no hace nada.

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