La ventana

Luis Carlos Peris

lcperis@diariodesevilla.es

Comer, leer y dormir entre montañas

Cerca de setecientos metros sobre el nivel del mar te garantiza noches de rebequita y confort, lo que agradece un servidor, tan habituado a los veraneos a pie de playa. Un pueblo de cuatrocientos habitantes del que me separa una estrecha y ondulada carretera te garantiza otro aspecto muy de agradecer, el de la tranquilidad. Quiere decirse que en este retiro vacacional, semejante al de unos ejercicios espirituales, el tiempo incluso cabalga a menos trote, la noche tarda en llegar y el sueño se prolonga hasta límites que ni siquiera recordábamos. Rodeados de esas montañas boscosas que conforman el Parque Natural de Aracena, los días discurren morosos, tranquilos y el apetito se dispara. Sueño, avituallamiento, lectura y el momento de cumplir con la clientela forman el repertorio de cada día y así hasta que la llamada de la urbe se haga realidad. Lo peor, que ya falta poco.

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