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La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Comercio histórico y futuro de Sevilla

Conservar lo valioso no es vivir en el pasado sino construir el futuro humanizado de la ciudad

Una muy buena noticia: un convenio entre el Ayuntamiento -con la participación de varias delegaciones municipales- y la Cámara de Comercio potenciará la conservación y promoción de los comercios históricos, dándoles un trato diferenciado tanto por sus valores arquitectónicos y decorativos como por su conexión con la cultura y formas de vida de la ciudad. Entre los primeros designados están El Rinconcillo, La Campana, Las Teresas, el Hotel Alfonso XIII, Bordados Foronda, Casa Palacio, Camisería Galán, Almacenes Pérez Cuadrado, Sombrerería Maquedano, Velasco o Joyería Reyes. Habrá que añadir más. Pienso en Ochoa, la mercería Peña, Ultramarinos Lucas, el bar Julio César o el Horno Las Doncellas. Porque, siendo este un valor prioritario, no se trata solo de lo arquitectónico. También del uso que perpetúa formas de vida.

El consumidor tiene derecho a elegir. La evolución arquitectónica y decorativa es necesaria. Las nuevas formas de consumo y la multiplicación de las ofertas son imparables. Una ciudad no es un museo. Pero en estos procesos se puede poner orden y de la transformación y el cambio se pueden salvar bienes. Incluso manteniendo sólo fachadas, escaparates y parte de los interiores como se ha hecho en las antiguas joyerías Pozo y Chico. No es cuestión de nostalgia ni de melancolía sino de algo más objetivo: el patrimonio de la vida cotidiana que garantiza la supervivencia emocional de la ciudadanía consciente, no indiferente. Lo que los griegos llamaban politeia refiriéndose a la ciudad-estado y los romanos civitas como las formas de vida que se dan en la urbs. Para Aristóteles "la ciudad es asimismo por naturaleza anterior a la familia y a cada uno de nosotros". Sin ciudad, en el sentido integrador de la palabra, hecha a la medida de las necesidades también espirituales, emocionales y culturales del hombre, no hay ciudadanos ni ciudadanía. Sin urbs no hay urbanitas, es decir, urbanidad.

Escribe Gregorio Luri en su muy recomendable La imaginación conservadora (Ariel): "En cuestiones patrimoniales, más importante que blindar una herencia es amarla. Si no amamos lo que heredamos, difícilmente estaremos dispuestos a pleitear por lo que nos han legado. Y si no pleiteamos nosotros, pleiteará el olvido. Esta herencia es, básicamente, el ecosistema cultural en el que germina nuestra identidad". De esto se trata: mucho más de futuro que de pasado.

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