La tribuna

Antonio Ojeda Avilés. Catedrático de la Universidad de Sevilla

Cometidos de Andalucía en el mundo

NO andaba muy descaminado el presidente del Tribunal Constitucional cuando decía, antes de siquiera pensar en que llegaría a magistrado del Alto Tribunal, que a los catalanes se les enseña a despreciar la cultura española. Escritores anglosajones afincados en Barcelona a principios del siglo XX ya aludían a esa displicencia catalana respecto a lo español, y no digamos respecto de lo andaluz. 

No obstante, la historia de España se ha construido sobre una bipolaridad en la que incluso Madrid ha desempeñado funciones de comparsa: Cataluña y Andalucía han marcado los momentos históricos del conjunto del país, ya fueran sublevaciones, convulsiones o descubrimientos, sobre todo desde que la unión castellano-aragonesa repartió los mares entres ambos reinos. En ese reparto, Andalucía participó de manera relevante en la conquista de América, y a partir de ese momento adquirió una visión más amplia o si se quiere intercontinental de la problemática española, de la que carece Cataluña. La globalización de nuestros días viene acentuando el papel de Andalucía como mascarón de proa del país en una serie de aspectos muy relevantes de índole geoestratégica, una evolución de la que los andaluces no solemos darnos cuenta cabal. 

 

El protagonismo geoestratégico de Andalucía se marca en cuatro aspectos de los que haré a continuación una sucinta referencia. Poco tienen que ver con nuestra presencia en Bruselas y en la Unión Europea, lugares donde nuestro factor diferencial tiene poco que decir, más allá de lo habitual de la Europa de las Regiones. Se trata, en concreto, de Gibraltar, Portugal, Marruecos y América Latina. 

 

No ha quedado muy claro en qué términos se va a dar entrada a Andalucía en las conversaciones de España con el Reino Unido y el Gobierno gibraltareño, pero probablemente la presencia andaluza en la mesa puede agilizar grandemente algunos acuerdos y darles un sentido del que hasta el momento han carecido. Pues como siempre Madrid no ha pensado que nuestra comunidad tiene intereses bastante próximos a la Roca de los que no debería prescindirse, pero además podría confiar a la delegación andaluza la gestión de ciertos problemas para suavizar el contraste hispanobritánico. Parece importante crear dos niveles en las negociaciones, el político y el administrativo, del que el segundo es el más importante y sin embargo el menos utilizado ante la falta de un interlocutor válido para tratar con el gobierno local gibraltareño. 

 

Portugal ha dado un espectacular vuelco en las relaciones con el vecino español, desde la época en que lo veía como un enemigo en constante ambición anexionista. Los sondeos indican que una significativa parte de la población portuguesa votaría por la unión con España. El problema radica en que de ninguna manera Portugal puede unirse como una comunidad autónoma, al ser un Estado igual al español, y tampoco cabe llegar de la noche a la mañana a un Estado federal en donde exista una solución factible. Sería necesario una lenta actuación convergente, y en ello puede Andalucía realizar una labor pionera, dada la similitud de renta per capita y de población entre estos dos territorios limítrofes. Por desgracia, ni andaluces ni portugueses han pensado nunca en esa vía intermedia de aproximación. ¿Cabrían hermanarse, por ejemplo, Lisboa y Oporto con Sevilla y Málaga? ¿Podrían cooperar en la investigación Coimbra y Granada? ¿Podrían discutirse los mercados vinícolas y aceiteros, la pesca, las universidades, conjuntamente?

 

América Latina necesita un referente español donde hacer pie en Europa. La pista de aterrizaje puede ser, sin duda, Andalucía, la región más próxima a América Latina -junto a Canarias-, por tantos motivos. La Junta de Andalucía mantiene algunas casas de Andalucía en América, y presta alguna atención a las empresas andaluzas que desean hacer negocios en esa región a través de las delegaciones de Extenda, pero no es suficiente.

 

Por último, Marruecos es también la gran desconocida para los andaluces, pero ya es hora de reconocer que es nuestra gran competidora en algunas cuestiones, como por ejemplo el transporte marítimo con sus dos bases en Algeciras y en Tánger, y que hemos de hablar de muchas cosas comunes. Para nuestra sorpresa, Al Ándalus continúa siendo el paraíso perdido de todo buen musulmán, y esta es nuestra carta de presentación inmejorable para hacer negocios y abrirnos puertas en el inmenso y variopinto universo oriental. 

 

Los andaluces carecemos del sentimiento excluyente de los catalanes. Somos inclusivos, y allá donde vamos presumimos de españoles, aunque nos moleste a ratos el afán protagónico de los madrileños. Pero no debemos olvidar nuestras tareas geoestratégicas, porque cumpliéndolas hasta el máximo de nuestras fuerzas redundaremos en el beneficio de todos. 

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