Palabra en el tiempo

Alejandro V. García

Comidas

NO sé por qué sorprendente conexión rememorativa el concurso de ámbito nacional convocado por el PP para premiar el mejor vídeo doméstico sobre las calamidades y los estragos de la crisis, bajo el excitante título de Come con Rajoy, me ha recordado aquella campaña de la posguerra española denominada Siente un pobre a su mesa. ¿Por qué? Supongo que la ilación tiene que ver con la crisis y, más que con la crisis, con la conciencia de catástrofe inminente que hemos asumido en los últimos tiempos con una resignación espinosa.

Hubiera sido hermoso, y un homenaje al maestro Luis García Berlanga, que el concurso lo hubiera ganado un señor que se llamara Plácido; pero no, se lo ha llevado un tal Gregorio, un gallego de cincuenta años que trabaja como jefe administrativo en un bufete de abogados y que, además de militar en el partido, es seguidor de Mariano Rajoy, lo que no es un dato baladí a la vista de los movimientos divergentes que se reproducen a diario en el partido, el último de ellos el fichaje de la discrepante María San Gil por la FAES de José María Aznar, una fundación que se perfila como alternativa o, incluso, como un refugio de la otra derecha española.

Gregorio, el vencedor, ha confesado que estaba exultante por haber ganado el concurso. De las dos retribuciones de las que se componía el premio (la comida en sí y la compañía de Rajoy), Gregorio ha valorado obviamente la segunda. Aún no hemos llegado a ese estado calamitoso de la película de Berlanga. Aunque a tenor de los clamores quizá llegue el día en que los futuros concursantes (como Plácido) valoren más las lentejas del almuerzo (es una forma de hablar, igual son gambas rojas de Almería) que la conversación con Mariano Rajoy que, según una encuesta de El Mundo, ya es cuestionado por un porcentaje mayoritario de los votantes como candidato de la derecha para las próximas elecciones generales.

Quizá fuera un buen termómetro para definir las simpatías dentro del partido que la dirección del PP convocara diferentes certámenes para almorzar con Rodrigo Rato, Alberto Ruiz Gallardón, Esperanza Aguirre y con el propio Rajoy. ¡A ver quién logra convocar a más aspirantes a comensales! Por supuesto, sin descubrir el menú, para no mezclar el gesto con gusto, por expresarlo mediante una paronomasia.

(Fuera, y según se escala en las clases sociales, en apariencia va peor. Un magnate alemán se arrojó el viernes al tren. En un telediario dijeron que "la quinta fortuna de Alemania" se había suicidado. ¡Las fortunas suicidas! Los parados, en cambio, están condenados a sobrevivir: les falta fortuna).

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