En tránsito

eduardo / jordá

Consultar a las bases

HAY gente que cree que la nueva moda de consultar a las bases sobre las grandes decisiones políticas -la introducida por Podemos e IU- es una muestra inmejorable de democracia participativa y de profundización de la democracia; es decir, de regeneración del sistema político. Yo no lo tengo tan claro. Las consultas se manipulan muy fácilmente, y de hecho en todos los regímenes autoritarios -o incluso totalitarios- se han convocado referendos que casi siempre, por supuesto, han ganado quienes los convocaban. ¿Qué decisiones se someten a votación y qué otras no? ¿Y en qué momento? ¿Y con arreglo a qué normas? ¿Y quién decide si hay suficiente participación o no la hay? ¿Y quién redacta la pregunta? ¿Y en qué términos? Porque hay preguntas que ya llevan implícita la respuesta. O tan enrevesadas que sólo un demente sabría contestarlas con un sí. O tan tramposas que mucha gente se abstiene de votarlas por el simple deseo de mantenerse al margen de una farsa.

Pero hay otro aspecto de este asunto que quizá es mucho más importante. Un líder político, si en realidad lo es, debe atreverse a tomar decisiones complejas o aventuradas asumiendo el riesgo de equivocarse (o de acertar, claro está). Y no puede escudarse en la militancia para delegar en las "bases" -que al final acaban siendo un número bastante exiguo de militantes- una responsabilidad que en realidad sólo le corresponde a él y a sus asesores. Además, esta moda está introduciendo una peligrosa tendencia, la de someter todas las decisiones importantes que deba tomar un partido al veredicto de los afiliados. Y eso sería un tremendo error, aparte de crear una dinámica dilatoria que es incompatible con la vida política. Hay decisiones que se deben tomar en una noche o incluso en menos tiempo. Y uno -si es un líder de verdad- las consulta con las personas en que confía y también con las que considera que más saben de esto. Y si no tiene a nadie que le pueda aconsejar, es que no es un buen líder y debería dedicarse a buscar caracoles o a fabricar maquetas navales.

Hay muchas formas de degradar la democracia. La corrupción y la ineficacia -siempre van unidas- es una de las más corrientes. Pero la pantomima de la democracia representativa es otra. Si elegimos a los líderes es para que sean eso, líderes, y no conejos asustados o expertos en escurrir el bulto.

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