crónica personal

Pilar Cernuda

Contaminación

SE ha hablado mucho los últimos días de la contaminación de las listas de Bildu. Sin embargo, en las últimas horas se ha producido una contaminación mucho más grave porque implica directamente al presidente del Gobierno: la sentencia del Tribunal Constitucional sobre Bildu.

Zapatero, con un gesto de irresponsabilidad impropia de cualquier político, y más aún cuando se trata del presidente del Gobierno, telefoneó a Íñigo Urkullu para calmar su irritación y pedirle que reconsiderara sus advertencias de que retiraba cualquier tipo de colaboración con el Gobierno; Zapatero le dijo que esperase a la resolución del Constitucional y le dio a entender que existían muchas posibilidades que esa resolución fuera contraria a la del Supremo. Paralelamente, Eduardo Madina, secretario general del grupo parlamentario socialista en el Congreso, se reunía con varios de sus diputados para apuntarles lo mismo, y además les expresó su deseo de que la sentencia del Tribunal Constitucional diera vía libre a Bildu para presentarse a las elecciones.

El estupor en medios judiciales es total, en el TC aún más grande, la incomodidad en el Supremo es absoluta y cuentan que también en el Ministerio de Justicia. Rubalcaba se reunió con Madina en el Congreso donde se celebraba la sesión de control y no hay que ser un lince para adivinar que la bronca fue sonada. Más que por cuestiones morales -el ministro ha utilizado a la Fiscalía y la Abogacía del Estado contra Bildu pero gente que no le quiere mucho asegura que él está a favor de la legalización-, por una cuestión de oportunidad política: la sentencia del Tribunal Constitucional nace absolutamente contaminada tras los pasos en falsos de Zapatero y Madina. Rubalcaba no puede criticar abiertamente a su presidente por la torpeza con que actuó al telefonear a Urkullu y hablarle en esos términos, sólo puede cantarle las cuarenta a Madina, pero es evidente que uno y otro han dejado la imagen de independencia del TC por los suelos.

Si comentábamos hace nada que las declaraciones de Urkullu demostraban su nula confianza en la independencia de los jueces, ahora es evidente que es el presidente el que no cree en esa independencia. O, al menos, intenta que no la haya. Si da a entender que conoce el sentido de la sentencia, reconoce que algo se está urdiendo entre el Gobierno y el Tribunal Constitucional. Y si no es así, si no se está urdiendo nada, entonces habrá que exigir explicaciones a Zapatero, porque es inaudito que todo un presidente de Gobierno sugiera que conoce el resultado de las deliberaciones de tan Alto Tribunal.

Se comprende que los socialistas se mostraran tranquilos ante la escasa presencia del presidente en los días posteriores a su anuncio de no presentación: callado causa menos problemas que cuando habla.

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