QUÉ ministro de Educación tenemos. A Ángel Gabilondo debiéramos cuidarlo. Debiera cuidarlo también la oposición, puesto que no es muy habitual que un intelectual de su talla se cuele en las bancadas de la política. Fue invitado a 59 segundos para hablar de lo suyo. Pero me da pena que no pueda ser invitado a otros foros menos acotados, para hablar de la vida, del valor del tiempo, del amor y la amistad, como lo hace en ese libro de cabecera en que se ha convertido para mí Contigo.

En los pasados Cursos de Verano de la Complutense tuve ocasión de escuchar a Gabilondo inaugurando uno de ellos. Me embelesó durante una hora. Sin un papel delante, interrelacionó filosofía, medios de comunicación y arte de vivir. "Contigo es menos difícil", reza el lema de su nueva publicación. En una primera lectura, me identifiqué tanto con sus postulados que llegué a pensar que era estéril sentarme de nuevo frente al teclado. No podía decirlo mejor que él. Hasta que reaccioné. Deberíamos ser muchos más quienes nos ocupásemos de lo intangible. De las pequeñas cosas de la vida. Porque cada cual las puede contar a su manera, y nunca habría dos definiciones repetidas. Como ésta tan certera de Ángel Gabilondo: "Ninguna ilusión es más certera que el despertar de los afectos. Ni más inquietante. Su irrupción altera no sólo a uno mismo, sino todos los entornos. Algo sucede que modifica las distancias, incluso respecto de sí mismo y de los objetos. No sólo es la novedad. Es el alumbramiento. No todo se encuentra bajo control, algo trastorna las seguridades. Nadie sabe qué ocurre. El nuevo afecto es creación y recreación de lo ya vivido, tanto que a veces resulta irreconocible". No se puede expresar mejor. Pero hay que escribirlo. Creando y recreando la realidad.

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