La lluvia en Sevilla

Continuará…

También es momento de pensar qué Sevilla queremos fundar después de este cambio histórico

No es la primera vez que en esta columna me lamento de que ya no haya folletines ni biografías noveladas en los periódicos. Este género -considerado chico por quienes no han leído el Belmonte de Chaves Nogales- se ha mudado a los biopics y seriales de Netflix y HBO, y es una pena. La palabra escrita es la materia prima de un arte bien distinto al que procura lo audiovisual: se llama Literatura. Será por esta inclinación que tengo al serial, que sólo me sale hoy seguir escribiendo por donde lo dejé en mi columna del martes. En ella me preguntaba si el mundo se encuentra en un fin de ciclo; si, de pronto, este tiempo se ha colmado y no da para más. Más nos vale, por si acaso -concluía-, empezar a pensar cómo queremos que sea la vida después de este Año Cero, antes de que alguien comience a pensarlo por nosotros.

Hoy aterrizo esta reflexión en el ámbito local. Hay un empecinamiento en tomar este momento como impás, al que hay que resistir para volver después a ser la misma Sevilla, con sus asfixias (gentrificación al alza, sus macroeventos patrocinados, sus mogollones in crescendo, barrios en el top nacional de la pobreza), pero también con sus luces, entre las que destaco esa conciencia, muy sevillana, de amar y disfrutar la ciudad, lo que es común y de todos por igual, valientes. Gran parte de nuestras luces y sombras son consecuencia de modelos sociales, económicos y culturales y, por tanto, producto de idearios, ideologías y mentalidades. Ahora que es la hora de un crujido, y con él, de un cambio, es el momento de saber para donde tiramos, y de decidir si queremos llevar el timón de las cosas de la polis, o bien dejarnos llevar por la corriente. Esta crisis -palabra que, como suelen repetir los charlatanes, puede tener un sesgo de oportunidad-, este boquete en nuestros corazones, puede aprovecharse en un sentido u otro. Puede convertirse en un golpe mortal a la vida cultural en los barrios (acabo de leer que el Colectivo de Profesiones de la Cultura en las Bibliotecas señala que las bibliotecas municipales llevan sin programación ni actividades desde mucho antes del Covid), o a la eficiencia y el desarrollo de los transportes públicos, o a una sanidad para quien la necesite y de calidad; y en un acicate para el crecimiento del corchopán de las franquicias y falseamiento a través del tópico. Pero también se puede aprovechar para procurar una Sevilla a la altura de los tiempos, plural y hermosa, donde sus gentes sean las dueñas -no sólo empleadas- de sus negocios, que extienda su cultura, sea puntera en innovación, aproveche su sol para algo más que para sufrirlo, vele por su sabia arquitectura popular... ¿Qué Sevilla queremos las gentes de Sevilla?, ¿sabremos procurárnosla? Continuará.

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