Cuchillo sin filo

francisco Correal

Contrastes

EL capataz del paso de Cristo de los Javieres ya estaba avisado. La noche era hermosa y la imagen volvía a su barrio, a esa iglesia de Ómnium Sanctórum que aparece en el New York Times igual que La Cantina, el bar que ocupa una de las cuartelás del mercado de Feria y al que le ha dado sus bendiciones Isabel González Turmo, antropóloga, una de las mejores estudiosas de los usos y la sociología del yantar. Es la única hermandad de Sevilla gobernada por una mujer, Maruja Vilches, hermana mayor. Lleva tres años seguidos sin comparecer en las calles de la ciudad por culpa de la lluvia. Lo que le daba a su salida la consideración de todo un acontecimiento. Abriendo la estela de nazarenos, cinco representantes del cuerpo de Bomberos. En la Semana Santa de 2002 en la procesión del Martes Santo participaron cuatro bomberos de Nueva York para recoger el afecto con los compañeros que perdieron la vida en los atentados de las Torres Gemelas.

El Cristo de los Javieres se iba a detener a mitad de la calle Palacios Malaver. Allí no sonó una saeta, sino música de cámara. Cuatro voces delicadas a capela, las sopranos Sara López de Haro e Irene Román; el tenor José María García; el bajo Vicente Bujalance. Interpretaron un motete religioso de J. van Berchem. Como la Semana Santa es escenario de contrastes, en la casa de enfrente, el vecino, ajeno a la celebración, veía en la televisión un episodio de los Simpson. Pero nada chirrió en la noche. Al día siguiente, desde la misma iglesia, salió la Hermandad del Carmen Doloroso, que fundaron un grupo de marineros que hacían el servicio militar en la comandancia de marina de San Fernando. Ardor mariano, parafraseando el alegato contra la mili de Muñoz Molina. Le conté la historia a Aíto García Reneses, que no paraba de hacerle fotos a la cofradía en la calle Peris Mencheta. Si el entrenador del Cajasol de baloncesto que antes lo fue de Unicaja, del Barça y de tantos equipos fuera Vicente del Bosque o Mourinho, no habría avanzado un paso. Pero el baloncesto, siendo en este deporte tan importante como ellos en el suyo, no es el fútbol. Pero es una buena metáfora de la altura de miras. Todos miran hacia arriba en Semana Santa, como en el basket. Allí estaba la Virgen del Carmen, patrona de los marineros, "novia de las tempestades, alegría coronada", dice en un poema Juan Sierra, el padre del futbolista Quino.

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