Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Copa encarrilada, pero muy matizable

CUESTIÓN exclusiva de lo del color del cristal con que se mira. Garrido mostraba su complacencia con lo observado y Unai declaraba que había sido un buen partido con final justo. Ya digo que lo del color del cristal con que se ven las cosas es fundamental para creernos aseveraciones más que dudosas. Porque tras ver al Betis en Lérida y al Sevilla en Santander, ¿cómo puñetas puede nadie sentirse satisfecho con lo realizado por ambos?

Como nunca fui de los que dijeron de forma apresurada lo de que ya se nota la mano de Fulano, el entrenador recién llegado, tampoco voy a cargar en el debe de Garrido el recital del Betis junto al Segre. El equipo fue un más de lo mismo en la gélida matinal ilerdense y si algo no admite dudas es que trabajo le queda por delante al debutante para sacar al Betis de su laberinto. Los mismos defectos de siempre agravados por el hecho de jugar contra diez... y de Segunda B.

Previsible a más no poder, jugando a un ritmo de anciano y moviéndose a lo ancho y nunca a lo largo del campo, su nula verticalidad es una lacra que le está costando muy cara. Está claro que la plantilla es muy mediocre, sobre todo por la ausencia de un Rubén Castro al que no se le adivina su retorno, pero no puede ser tan mala como para no mostrarse más solvente ante un ínfimo rival que se hizo aún peor con la expulsión sufrida a los cinco minutos de juego.

Y si trabajo le queda a Garrido, bien haría Unai en no desvirtuar las cosas en sus declaraciones pospartido. El Sevilla encarriló su eliminatoria contra el Racing, pero no mereció tanto elogio de su técnico. Cierto es que el drama que vive el todavía presidente puede pesar en el ánimo de la tropa y que la tarugada de Coke complicó las cosas, pero los apuros pasados ante un rival tan inferior como este Racing chocan frontalmente con la película que luego contó el manijero.

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