Valor añadido

Carmen Calleja

Corresponsables

ENTRE todos hemos contribuido a consolidar la idea de que los políticos son responsables de todo lo malo que ocurre. La clase política ha sido la más activa en esto. Porque en ella se acusan mutuamente de ser la causa de los males sociales. Sin embargo, la situación económica que vivimos demuestra que esto no es así.

Es verdad que los partidos políticos deberían ejercer una cierta pedagogía entre sus afiliados y votantes. No lo hacen. Así que, entre la insuficiente formación cívica de partida; la inexistente labor pedagógica; y la repugnante adulación que algunos políticos hacen a la ciudadanía, por razones electorales, lo cierto es que los ciudadanos creen no tener responsabilidad alguna en el mal funcionamiento de la economía. Error sensible.

La crisis global que padecemos se caracteriza por el colapso múltiple de diversos órdenes: el financiero; el económico; el de los mercados de materias primas, señaladamente los alimentos; y otros que en cascada han explosionado hasta la parálisis.

Las entidades financieras tienen la culpa del exceso de liquidez dando créditos sin exigir suficiente solvencia. Empresarios sin responsabilidad social han puesto esos capitales en productos inmobiliarios inadecuados a las necesidades de la población. Políticos liberales, y neo-conversos al liberalismo, han desregulado y no vigilado procesos productivos malignos. Comités de empresa irresponsables han impuesto salarios que se han repercutido al consumidor de forma asfixiante. Y así sucesivamente.

¿Y la ciudadanía? Alegres y confiados, cada cual ha imitado a los grandes, generando sus miniespeculaciones, su micro hiperliquidez, sus inversiones insensatas. Y todos hemos gastado energía sin preocuparnos por su coste de generación (nos anestesian con el déficit tarifario: pagamos menos de su coste); nos despreocupamos del hambre en el mundo; ignoramos las desigualdades salariales; nos alegra la obscena competición entre gobiernos por ver quién baja más los impuestos, sin preocuparnos a quién, necesitado, aquí o en ultramar, se abandona a su suerte; y, en fin, miramos hacia otro lado cuando compramos productos baratos provenientes de un comercio injusto.

Si los políticos en la oposición insisten en que todo esto se ha producido porque el Gobierno lo ha hecho mal, y sólo por eso, mienten a la ciudadanía y, además, la condenan a la ignorancia, o sea a repetir sus errores.

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