Visto y oído

Antonio / Sempere

Cortes

NO anduvieron muy finos los encargados de editar la gala de los Premios Max en La 2, que tuvimos que sufrir troceada, resumida, fragmentada por no sabemos quién. Los susodichos cortes parecían realizados con azadón. Bruscos. Dejando con la palabra en la boca a gentes tan ilustres como el director del Festival Temporada Alta, Salvador Sunyer, que recibió uno de los cuatro premios que ya estaban adjudicados antes de comenzar la gala.

Su discurso era tan reivindicativo, su verbo tan airado, que el dichoso corte realizado con azadón, sin ningún tipo de cortinilla ni miramiento, sonó a censura pura y dura. Y mira que yo soy bien pensado, y creo que todo este desaguisado de la Gala de los Premios Max en diferido y editada obedece más a la torpeza que a la censura. Pero da que pensar que justamente cuando los discursos se ponían contestatarios, llegase la tijera.

Cuando en el Telediario de Pepa Bueno conectaron con el Teatro Circo Price y Elena S. Sánchez nos informó de que Blanca Portillo ganó el premio a la mejor dirección escénica, y vimos cómo discurría la gala, mientras La 2 emitía, como si nada, un documental sobre el Egipto de los faraones, comenzamos a sospechar. ¿Por qué el retraso de una hora? Después vinieron las prisas. La primera hora, curiosamente, se dio íntegra, o eso nos pareció. Pero a partir del premio al mejor autor a Alfredo Sanzol por Días estupendos, los editores del azadón tomaron carrerilla. Una vez perdieron la vergüenza, se crecieron. A los del Teatro Fronterizo ni siquiera nos dejaron escucharles. Ni a Miguel del Arco tras ganar el premio por Veraneantes. Lo suyo habría sido dar los Max justo después de Mi reino por un caballo, la magnífica revista teatral de La 2. La única cadena que se la puede permitir. Eso habría sido pensar con la cabeza. Lo que se hizo, una chapuza de las grandes.

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