la esquina

José Aguilar

Cospedal, demagoga

LA secretaria general del Partido Popular a tiempo completo, Dolores de Cospedal, ha propuesto una idea como presidenta de Castilla-La Mancha, que lo es a tiempo parcial: reducir el número de diputados autonómicos y quitarles el sueldo. Naturalmente, en nombre de la austeridad.

Vamos por partes. La iniciativa de bajar de los 49 parlamentarios regionales actuales a 25 -que implica reformar el Estatuto de Autonomía y la legislación electoral- supone un cambio radical, porque en mayo Cospedal proponía lo contrario, aumentar en cuatro el número de escaños. Es defendible en sí misma, porque una autonomía de territorio manejable y población escasa quizás no requiera de tanto diputado. Desde luego, es más razonable que el intento de IU, por ahora en la recámara tras su pacto con el PSOE, de incrementar los representantes en el Parlamento de Andalucía.

Pero la sustancia de la idea de Cospedal está en la otra medida. En la supresión de los sueldos a los diputados, que, de salir adelante la iniciativa, dejarían de percibir una remuneración fija y cobrarían solamente dietas por su asistencia a plenos y comisiones. "Para que vivan de sus profesiones y no de la política", dijo la osada presidenta-secretaria general, revistiendo con el manto del ahorro y la ejemplaridad de los políticos lo que no es más que una operación de devaluación de la vida política y de selección elitista de sus agentes.

Costó mucho tiempo a la democracia parlamentaria española superar el sufragio censitario, que reservaba el derecho de voto a los que tenían cierto nivel de renta. Ahora Cospedal se propone introducir otro factor de discriminación clasista, no entre los electores, sino entre los elegibles. Sólo los ricos, los empresarios y los profesionales acomodados no sujetos a horario pueden permitirse el lujo de dedicar parte de su tiempo al trabajo parlamentario sin cobrar por él. ¿Qué empleado o trabajador por cuenta ajena estaría en condiciones de faltar continuamente al trabajo del que vive para acudir al parlamento castellano-manchego a cambio de una dieta?

Cospedal ha envuelto su propuesta en un celofán sibilino y demagógico: así los políticos vivirán de su profesión y se acercarán a las necesidades de la gente. Pero hay otros mecanismos para dignificar la política, evitar el apoltronamiento y suavizar el alejamiento de los ciudadanos. Por ejemplo, la listas abiertas que permiten a los votantes elegir al diputado que mejor les represente, la limitación de los mandatos de todos los cargos electos o la exigencia de productividad parlamentaria para que ninguno se limite a calentar el escaño y votar como le mande el aparato.

Esta iniciativa es un disparate.

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