La ventana

Luis Carlos Peris

lcperis@diariodesevilla.es

Una Cuaresma sin motivos que ilusionen

Todavía ni es primavera en el Cortinglés ni en ninguna parte, pero sí amanece Cuaresma en todos los rincones donde habite la fe católica. Cuaresma más triste y hasta lóbrega que nunca, Cuaresma como estación en esa ruta a ninguna parte en que estamos sumidos. Un tiempo convertido en sentimental erial de sensaciones encontradas y casi ninguna buena. Cuaresma sin el señuelo de lo que está por venir y que en este caso es descorazonador, que hasta las elecciones catalanas han surgido diseñadas por el enemigo para unos resultados que amenazan con la destrucción de nuestra querida España. Cuaresma en la que se ve el viacrucis del lunes en la Catedral como cumbre de un tiempo que fue ilusionante por lo que prometía y que se nos ha convertido en tierra donde se queman deseos y en la que sólo subyace la vaga esperanza de que todo vuelva a ser como un día fue.

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