¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

A Cuba por San Bernardo

De caoba es también el retablo de Santa Bárbara del antiguo parque de artillería de La Habana

Un amigo sostiene con malicia que tanto la revuelta cubana como su represión han despertado en algunos una cierta nostalgia colonial. Y yo, por no llevarle la contraria, aprovecho el viento sur de la mañana del lunes para dirigir mis pasos al barrio de San Bernardo, con la intención de reencontrarme con una de las reliquias que aún quedan en la ciudad de la Cuba española. Por el camino, para amenizar la marcha, recuerdo un chascarrillo familiar que me contaba mi abuela canaria ("isleña", dirían en el Caribe) y que hacía referencia a la aventura galante de un antepasado, médico de profesión, que tuvo el mal tino de seducir a la mujer del director del hospital de La Habana donde trabajaba, aunque mi abuela sostenía que "fue ella la que se empeñó". El marido burlado, manifiestamente molesto, acabó vaciando en el pecho del desdichado pariente el tambor de su revólver British Bulldog.

Pero el recuerdo familiar es demasiado corto para tanto trecho y nos animamos a rebuscar en el hipocampo aquella vez que -la suerte existe- Juan Carlos Marset, en esos momentos delegado de Cultura, me encargó la honrosa misión de recoger en su hotel y llevar a almorzar a un Carlos Franqui ya muy anciano, quien apenas podía andar por aquella Plaza Nueva completamente levantada por las obras del faraón Monteseirín. Franqui, intelectual de mil aventuras políticas y culturales, fue uno de esos revolucionarios cubanos de primera hora que un día descubrieron la gran mentira que era el castrismo. De aquella comida recuerdo su apetito antiguo y la profunda tristeza de su expresión cuando hablaba de su patria. Murió poco tiempo después en Puerto Rico.

Una vez en San Bernardo, caminando a la sombra de la Fábrica de Artillería que da a la calle Cofia (con los Austrias, calle Sucia), no pude dejar de pensar en la amplia relación de Sevilla con la isla caribeña, antes de que la revolución la arrasase material y moralmente. Desde el Instituto Hispano Cubano fundado por González Abreu hasta los anaqueles de caoba de la Galería de los Capitanes Generales del Archivo de Indias. De caoba cubana es también el retablo de Santa Bárbara de la iglesia de San Bernardo, al que se dirigían nuestros pasos, que perteneció al parque de artillería de La Habana y fue enviado a Sevilla cuando el Tratado de París de 1898 puso fin a la presencia de España en el mar Caribe. Este pequeño rincón de templo de arrabal debía suponer el final del trayecto, pero descubrí con no poca decepción que la parroquia estaba cerrada. ¿Imagina, lector, los sentimientos del mañoso Ulises si al llegar a Ítaca hubiese encontrado el lecho conyugal vacío? Algo parecido sentí yo. Al menos quedó la satisfacción del intento y el placer agridulce de mis nostalgias de rayadillo.

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