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La lluvia en Sevilla

Cultura: tiempos y modos

Ni subjuntivos ni imperativos: Sevilla necesita conjurar y conjugar ya una cultura en indicativo

No es fácil pergeñar una columna acerca de la vida local en estos días de la pequeña bestia. Las multiformes derivadas de esta crisis y las maneras de afrontarlas no nos son propias, sino generales de un país y hasta del mundo entero. Ahora mismo, lo que Sevilla tiene de particular está en suspenso. Es propio de nuestras gentes hacer vida en la calle. Es propio de nuestra vida hacer gentes. Es propio de estas fechas el trasiego pagano que merodea en torno a lo sagrado: primaverazo, tráfico agitado, encargos, cervezas, incienso, trajines cofrades con enseres, el ruido molesto de las maletitas de ruedas por los adoquines, planes de mar. Nos encantan estas fechas porque siempre son vida plena, por mucho que la sentimentalidad las entrevere con el pasado. Pero este año, el presente absoluto se ha guarecido en los rincones más íntimos de la casa. De puertas para afuera, apenas podemos conjugar en modo indicativo; últimamente aquí se habla en presente de subjuntivo, con sus ojalá, quizás, si y aunque. Y en su pretérito: ay, si hubiéramos, si hubiésemos, si habríamos... Como no cruzo el puente -mira si soy trianera- ni apenas piso la calle, en indicativo sólo me resulta honesto hacer crónica de la lluvia. Lo que pasa dentro de cada hogar es un mundo aparte y genuino; lo que pasa en mi calle hoy es tan diferente a nosotros mismos como idéntico al resto del mundo. Aun así, tengo la sensación de que con sólo imaginar acierto, por lo que a menudo me figuro con suma precisión la puesta de sol en los campos vertiginosamente horizontales de Isla Mayor, las costanillas cazalleras, la umbría interior del bar cerrado, los polígonos quietos, el trasiego serio de las madrugadas del Merca.

De la imposibilidad del presente de indicativo en nuestra vida local, quienes escribimos columnas nos escapamos por el roto que ha hecho esta carcoma en el futuro. Pensamos en el día después, valoramos si queremos volver a ser lo que fuimos, nos preocupamos por cómo saldrá la ciudad hacia adelante. Leo que el Ayuntamiento ha activado un plan de choque para la cultura en Sevilla, para intentar avivarla, reforzarla y ofrecerla en cuanto pueda ser. Lo celebro. En estos días apreciamos mucho el valor de la cultura, no como pasatiempo sino como algo imprescindible para llevar una buena vida. El tejido cultural, hecho de un esfuerzo y entusiasmo que jamás podrá pagarse -así haya quienes le griten ¡subvencionado! a cualquiera con pinta de cuentacuentos, programador musical, profe de taller en bibliotecas municipales, compositora, editor o bailarina- será uno de los ámbitos más precisos y preciados (para los humanos que se tengan por tales, claro) y a la vez de los más afectados. Desde lo público, los buenos tiempos han de procurarse ya, sin subjuntivos ni imperativos: necesitamos conjugar y conjurar la cultura en indicativo.

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