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'Cuñaos'

Populismo y cuñaísmo tienen mucho que ver porque el primero no es más que la articulación política del segundo

E style="text-transform:uppercase">ste año que termina ha sido el año del populismo y de los cuñaos. Lo escribo así, en cursiva, porque el cuñao no tiene nada que ver con el hermano político, sino con un fenómeno nuevo -en realidad, eterno- que podría definirse como el de las personas que tienen una opinión y una solución para todo, por lo general muy simplista y muy burda. En toda familia, en toda oficina, en todo centro de trabajo hay un cuñao. Si bien se mira, el populismo y el cuñaísmo tienen mucho que ver, porque el populismo no es más que la articulación política del cuñaísmo. ¿Hay un ejemplo más claro de cuñao que Donald Trump, por ejemplo? Y por supuesto, Pablo Iglesias también puede competir por el puesto, sólo que donde Trump y los demás populistas de derechas usan una retórica cargada de vulgaridades y testosterona, el gran líder usa una retórica intelectualoide que pretende hacer pasar por creíbles las mismas propuestas burdas y simplonas. En el fondo, el populismo es todo aquel movimiento político que dice tener la fórmula para arreglarlo todo en un plisplás. Pero ojo, sólo el cuñao tiene la fórmula mágica porque es el único que conoce los deseos y las necesidades del pueblo -o de la gente- y, por tanto, es el único que sabe cómo combatir a la malvada casta que oprime a los débiles. El cuñao, ya lo sabemos, nunca se equivoca. Y por eso debe ser el Gran Líder Indiscutible.

¿Durará el populismo? Probablemente sí, y eso que muchos fenómenos sociales que damos por incuestionables no duran nada y al final nadie se acuerda de ellos. Este verano, sin ir más lejos, media humanidad perdía la cabeza cazando pokémons, pero seis meses más tarde ya sólo se dedican a cazar pokémons unos cuantos despistados que no saben en qué mundo viven, igual que aquellos soldados japoneses que seguían escondidos en la jungla porque no se habían enterado del final de la guerra. A primera vista, el populismo cuñaísta podría parecer otro fenómeno pasajero más, pero la incertidumbre económica que vivimos y las escasas perspectivas laborales son terreno abonado para el populismo y harán muy difícil que desaparezca pronto.

Así que el desprecio hacia la democracia liberal seguirá creciendo, igual que el descrédito de sus instituciones, tan anticuadas y aburridas que al final siempre acaban suscitando las bromas crueles de los cuñaos. Sí, amigos, hay populismo para rato.

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