Cambio de sentido

Carmen Camacho

Darse el lujo

LOS innúmeros casos de fraude, cobro de comisiones, blanqueo de capitales, malversación y desvío de fondos públicos, y otras succiones y sustracciones que son el pan duro nuestro de cada día, tienen algo en común: la obscenidad de corruptores, corrompidos y otros mangantones de postín. No pueden evitar hacer ostentación del mal gusto con el que gastan lo que no es suyo. Necesitan sacar el taco gordo, marcar paquete, saludar desde el palco, blanquearse el perineo, presumir de titi. Para ellos, darse el lujo no consiste, no sólo, en hozar en argempel y sebo, sino en jactarse de ello. Nunca fue tan fácil la vida del sabueso; a la legua hieden a perfume caro las pocilgas.

En esto coinciden nuestros descuideros al por mayor con los narcos juniors y otras mafias. Asistimos a sus tropelías sin saber si nos duele más el bolsillo o la vista. Para muestra unas perlas: el director general de Acuamed, el más salado de su desaladora, fiel al sabio proverbio que reza "donde hay pelo hay alegría", aprovechó las comisiones para trasplantarse pelos (no quiero saber de dónde) a la cabeza. Mucho más entrañable -y más fácil de destruir como prueba- hubiera sido que le hubiesen regalado un peluquín. Seguimos para bingo: la mansión de Granados incluía -además de una piscina dorada con una cascada que ni la del Monte Gurugú- distintos efectos de luz y aroma, e incluso un chorro de niebla, ideal esto último para recibir en casa como se merece al Hombre Lobo. Y qué me dicen de las antiparras de Urdangarín, que les falta ir provistas de nariz, bigote y matasuegras, y que por lo visto valen más que él. No sabemos si se las ha ganado el ex duque con el sudor de su frente o si se las regaló Marichalar. Y bolsos de Loewe por aquí y coches por allá... solo nos ha faltado que el de Vitaldent se hubiera puesto un diente de oro. Y que un grupo musical enalteciera por rumbitas todos estos desmanes, como en los narcocorridos pero a lo carpetovetónico.

Hay lujos que lo son por lo contrario a los que algunos se dan impúdicamente a costa ajena. Maneras, otras y dignas, de hozar, folgar y darse mucho solaz. Piden puerta adentro, jardín interior, calor de hogar, alcoba sencilla, compañía cómplice, gracia, imaginación, libros prestados, buena mano para encender fuegos. Lujos que mucho valen y poco cuestan, y que podemos darnos sin temor a que los amigos de lo ajeno y lo obsceno nos vengan a molestar, pues "la belleza -Gamoneda dixit- no es un lugar donde van a parar los cobardes".

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