Brindis al sol

Alberto González Troyano

Deberes pendientes

HAY que confiar en que llegará el día después, ese día en que los políticos andaluces -una vez encontrada salida al laberinto del Gobierno central-, pondrán de nuevo su atención primordial en nuestra tierra. Y esperemos que lo hagan provistos de nuevas ideas, porque el nivel de exigencia de los electores va a ser cada vez mayor. En este aspecto, las nuevas rivalidades políticas surgidas pueden, por fortuna, beneficiar a la gente de la calle. Ya no bastará con gestionar, o criticar, pasivamente los asuntos cotidianos. Cada partido se verá obligado a proponer proyectos que entusiasmen y movilicen a los andaluces. Es la lección que debe extraerse, entre otras, de los sucesos de Cataluña. Además de solventar los problemas del día a día, existen asignaturas todavía pendientes, que el gobierno andaluz habrá de emprender antes que otra facción política se apodere de ellas y las convierta en estandarte movilizador.

Entre los deberes que aguardan, casi desde 1978, figura la falta de vertebración social y cultural de Andalucía. Una cuestión a la que, desde las instituciones, no se ha dado importancia, quizás porque ni se sospecha que tras esa extraña palabra hay un problema que reclama solución. Sin embargo -recurriendo sólo a dos ejemplos- hace unos años, los rectores de las universidades de Sevilla y Málaga establecieron una cierta vinculación y aquella iniciativa fue saludada como un acontecimiento histórico. Otro tanto, puede decirse de una iniciativa más reciente, emprendida por los alcaldes de también de Sevilla y Málaga, a la que quiso unirse, más tarde, el alcalde de Córdoba.

Lo significativo no estuvo en la importancia de los asuntos que se pretendieron articular, sino en la resonancia pública alcanzada. Porque aquellos gestos, más que nada simbólicos, fueron acogidos y apreciados como si con ellos se alumbrara una ilusión latente y se recuperasen viejas expectativas. Ante este efecto de sorpresa, muchos debieron preguntarse si no estaban ya, a estas alturas, las universidades y las ciudades andaluzas debidamente articuladas. Pues no, ni lo estaban ni lo están, si se piensa que vertebrar una región no es sólo unirla con vía férreas y carreteras. Vertebrar es algo mucho más complejo, que exige ideas y esfuerzos para acabar con los compartimentos, sociales y geográficos, estancos. Pero, curiosamente, esa necesaria vertebración es la que en sus escritos está empezando a reclamar Podemos, que ha intuido el aspecto movilizador que conserva esa carencia de las tierras andaluzas.

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