Acción de gracias

Dejen paso

En estos días en que las noticias demonizan a la juventud, busco, y encuentro pronto, otros referentes

Esperaba en la puerta del cine a que llegaran unos amigos y no podía apartar la vista de aquel grupo que estaba ante mí, apenas a unos metros: unos chavales -chicos y chicas- que bajo unos soportales ensayaban una coreografía a ritmo de K-pop. Bailaban con libertad y entusiasmo, pero aquella aparente despreocupación no estaba reñida con la responsabilidad: esos muchachos mantenían pese a todo cierta distancia, en ningún momento se desprendieron de la mascarilla. Abstraídos en sus movimientos, no intuían que estaban regalando al público que les observaba una confianza imprevista en el futuro. Su danza contradecía a los agoreros: si ellos heredaban el mundo, igual hacían de él un lugar más alegre y habitable.

En estos días en que las noticias dibujan a los jóvenes como una masa irresponsable que con su inconsciencia y excesos propaga el coronavirus a sus familiares, busco, y encuentro pronto, otros referentes que desbaratan ese retrato que los demoniza. Pienso en aquella pandilla, pero también en el precioso proyecto que llevó a cabo Jonás Trueba, Quién lo impide, cuatro películas que registraban los anhelos, miedos y sentimientos de un grupo de adolescentes. El cineasta se puso en contacto con Candela Recio y Pablo Hoyos, dos chavales con los que había trabajado en su ficción La Reconquista, para colaborar de nuevo con ellos, esta vez con una voluntad documental, y a aquellos dos intérpretes se sumaron otros muchos estudiantes de institutos que muestran a la cámara sus percepciones de la vida. Lo emocionante de la propuesta es que Trueba, el adulto, el director, elque debería tener las cosas claras,aprende tanto como ellos en el proceso, termina esperanzado ese trayecto compartido. En las manos de esta gente, concluye, habrá futuro.

Se lo comenté el otro día a Juan José Ruiz Bellido en la presentación de Seno, el magnífico libro que ha publicado con la editorial Cántico: que el porvenir tendrá, seguro, buena poesía. En estos últimos años han surgido unos cuantos autores -Juan Gallego Benot, Rosa Berbel, Juan F. Rivero, Enrique Fuenteblanca, Rocío Acebal, Carlos Catena, María Elena Higueruelo o Fran Navarro Prieto: la lista es larga- que están en la veintena y han volcado ya en obras muy sólidas una mirada hermosa y concienciada al mundo. Recurro a la poesía porque es uno de los ámbitos que mejor conozco, pero sospecho, sé, que en otras esferas hay jóvenes inquietos de los que se puede aprender -en cuestiones de género o respeto al medio ambiente, por ejemplo- si uno se acerca a ellos sin prejuicios, desde la curiosidad. Olviden el cliché de los muchachos descerebrados y, como decían en aquella película de Leo McCarey, dejen paso al mañana.

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