Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

Demasiado por hacer

El alcalde no puede presumir de proyectos realizados, pero sí ha trazado un camino que Sevilla debe recorrer

Juan Espadas ha cumplido esta semana el primer año de su segundo mandato como alcalde de Sevilla. No lo ha celebrado, que los tiempos están para pocas celebraciones. Tampoco lo que va de mandato ha dado para sacar mucho pecho. De hecho, en estos doce meses no se ha desbloqueado ninguno de los grandes proyectos de la ciudad ni cabe anotar otras realizaciones que el catálogo de buenas intenciones que al alcalde ha ido desgranando cada vez que se le ha puesto un micrófono a tiro. Ni el Metro, por la parte que le toca, ni la ampliación del tranvía, ni el futuro de Altadis ni la peatonalización del centro, ni la limpieza de la ciudad son realidades que se puedan tocar con la punta de los dedos. Que se pueda hacer en lo que resta de mandato tampoco está garantizado. Para terminar de complicar las cosas, el estallido de la pandemia justo antes de la Semana Santa ha cambiado a peor el panorama de la ciudad y ahora a lo que nos enfrentamos es a una emergencia sanitaria, económica y social cuya resolución depende de muchos factores, ninguno de los principales en manos del Ayuntamiento.

Sin embargo, Espadas, en el tiempo que lleva mandando desde la Plaza Nueva, ha conseguido algo importante y que en Sevilla, siquiera sea por comparación con su pasado más reciente, adquiere especial valor: la ciudad tiene un proyecto global y una dirección en la que desarrollarse. Cierto que dar pasos en una sociedad tan complicada y con tantas inercias como la sevillana es complicado y mucho más lo va a ser ahora en lo que lo más urgente -y lo más urgente es que la gente coma y tenga un techo- se va a llevar muchos recursos y energías. Cuando Alfredo Sánchez Monteseirín dejó la Alcaldía en 2011 su modelo estaba agotado desde hacía tiempo y Juan Ignacio Zoido fue incapaz de esbozar uno. Espadas sí tiene la posibilidad de dejar puestas las bases para que Sevilla dé un salto hacia delante como una marca importante para la atracción de inversiones y de talento. O, por lo menos, lo tenía hasta que hace tres meses todo se rompió. Su misión ahora es recuperar todo lo que se pueda.

Nadie, ni él mismo ni su entorno, se tomó demasiado en serio que fuera a limitar su permanencia al frente de la Alcaldía. Lo que hizo, como político puro que es, es tomar posiciones por si en un momento determinado le compensaba dar un salto regional o nacional a su carrera. Despejadas, o casi, las principales incógnitas al respecto, Espadas debe centrarse en Sevilla, donde todavía tiene demasiado por hacer. Y, muy importante, no dejar que se le vaya otro año en blanco, porque su crédito no es ilimitado.

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