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Juan Ruesga / Navarro

Democracia en la ciudad

UNA de las tareas emprendidas por la nueva corporación municipal, con la que estoy completamente de acuerdo, es la descentralización administrativa. Dotar a los distritos de medios para que el ciudadano pueda resolver el mayor número de gestiones en la proximidad de su vivienda, sin desplazamientos y colas. Esto se consigue, además de con voluntad política con una buena informatización. Hay ciudades españolas, como por ejemplo Gijón, que tienen "cajeros administrativos" en los centros cívicos, donde con una tarjeta se pueden realizar pagos y gestiones administrativas, al igual que en los cajeros de las sucursales bancarias. Además existen mostradores de atención al ciudadano, que ocupan un lugar destacado. Así, las oficinas de distrito y los centros cívicos, son auténticos ayuntamientos en el barrio.

Esa descentralización debe venir acompañada por un reforzamiento de la vida democrática de la ciudad. Democracia entendida como un modo de coexistencia que organiza a la sociedad teniendo como base la voluntad general y el bien común. No sólo como régimen político sino como un proyecto de sociedad. Para el ciudadano la ciudad representa su espacio más cercano, y esa cercanía le lleva a considerar la ciudad antes que la región y antes que el estado. Con este enfoque, debemos entender que la solución de los problemas de la ciudad ya no pueden depender exclusivamente de la iniciativa de los poderes locales. La participación ciudadana es "al mismo tiempo, una reforma del Estado" (obligación de gobernar de una nueva forma) y "una reforma de la sociedad" (nuevas prácticas de presencia ciudadana). Por ejemplo, no es lo mismo presupuestos participativos, que participar en los presupuestos.

Uno de los retos más complejos que afrontan la democracia local y la participación ciudadana es el punto de encuentro, o de articulación, entre una forma de gestión de la ciudad por una parte, y por la otra los territorios, espacios muy variados, que componen la ciudad: calle, barrio, distrito, delegación, centro o ciudad en su conjunto. Los espacios físicos concretos en los que se desarrolla la vida cotidiana y donde se producen los conflictos.

Enfrentarse a esos problemas y buscar su solución incluye la consideración de los conflictos entre personas, conflictos entre generaciones, conflictos sobre el uso del espacio, conflictos comunitarios y problemas de seguridad. Porque si bien es cierto que tradicionalmente el Estado tenía a su cargo la seguridad de los ciudadanos, es cada vez más frecuente que la ciudadanía espere que sean los gobiernos locales los que asuman esa responsabilidad, ese nuevo reto. En este modelo de democracia de la ciudad, el compromiso ciudadano a través de un fuerte movimiento asociativo es indispensable. Los ayuntamientos deben facilitar infraestructuras y cauces de participación. La democracia local no puede progresar sin que se reúnan los diferentes protagonistas locales: ciudadanos, representantes políticos y funcionarios locales, que deben aprender a trabajar juntos y hacer funcionar la ciudad.

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