Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

Desatascar

A las administraciones -central, regional o local- les ha salido gratis olvidarse de Sevilla

El otro día se reunieron en Madrid el ministro de Cultura y el consejero andaluz del ramo para "desatascar" -así lo dijeron- los proyectos que en Sevilla llevan décadas pendientes, desde la ampliación del Museo de Bellas Artes o la reforma del Arqueológico hasta la solución de los muchos problemas de gestión y de déficits presupuestarios que lastran al Teatro Maestranza. A estas alturas conviene estar curados de espanto y no fiarnos ni mucho ni poco de reuniones de despacho con fotos y titulares más o menos forzados. La reunión, como era más que previsible, terminó con buenas palabras, pero ayuna de compromisos temporales o financieros. Algo perfectamente comprensible dadas las muchas dificultades que van a tener tanto Pedro Sánchez como Susana Díaz para cerrar unos presupuestos en tiempo y forma. La reunión sirvió, de todas formas, para evidenciar que las cosas, como no podía ser de otra forma, han cambiado en las relaciones entre los dos gobiernos y que hay voluntad de encarar los retos pendientes, lo que ya es algo, aunque la voluntad por si sola sirve para bien poco. Pero también fue útil porque José Guirao y Miguel Ángel Vázquez volvieron a poner sobre la mesa el inventario de la desidia sevillana.

No nos engañemos. Si a estas alturas de siglo y veinticinco años después de la Expo los equipamientos culturales de Sevilla están como están -que no difiere mucho de cómo están el resto de las infraestructuras- no es porque los gobiernos del PP hayan castigado de forma sistemática a Andalucía, como mantiene el discurso oficial de la Junta. Es porque los gobiernos de Madrid, que los ha habido populares y socialistas, el de la Junta, que ha sido siempre del mismo color, y el Ayuntamiento de Sevilla han tenido muy fácil no hacer absolutamente nada: la ciudad se lo ha permitido. Salía gratis y era mejor dirigir los recursos, que siempre han sido escasos, hacia otros lugares donde la inversión podía traducirse en votos y en influencia política.

Sevilla es una ciudad con pocos proyectos de futuro, pero con un enorme potencial para poder proyectarse si hace las cosas bien. La apuesta por un turismo de calidad no es mala, todo lo contrario. Con su marca y su posición geográfica podría estar en la élite europea y beneficiarse enormemente de ello. Es algo que nadie duda. Pero estamos muy lejos de alcanzar la primera división porque tenemos desaprovechados una buena parte de los atractivos de la ciudad. Cuando tomemos conciencia de que Sevilla para competir necesita mucho más que la Catedral y el Alcázar empezaremos a ponernos en marcha. Pero eso no es sólo cuestión de los gobiernos o los ayuntamientos. Es cuestión de que Sevilla se lo crea. Y eso es lo difícil.

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