El periscopio

León Lasa

Desayunosen Tiesilandia

SÍ, de seguir así, va a ser posible que mandemos esto al garete entre todos. Pero, para quienes invocan a la moral como arma de combate, esta semana Funcas se despacha con otro informe agorero y señala que en 2010 la economía se contraerá de nuevo, aunque sólo sea un 0,7%; y, también, que no se creará empleo hasta 2013, dados los bajos niveles de crecimiento del PIB que tendremos hasta entonces. Una recuperación, por así llamarla, en forma de L. Mala cosa, aunque sea mi letra favorita.

Paso de la noticia leída en el diario Expansión (www.expansion.com) a otra verdaderamente exótica que publica la revista financiera Crain's, editada en Nueva York. Según ésta, la crisis ha golpeado duramente a dos emblemáticos locales de copas y striptease del centro neurálgico de la Gran Manzana: uno, el China Club, culpa de su quiebra a la caída de la firma Lehman Brothers, ubicada a unas pocas esquinas y cuyos empleados, se dice, "eran clientes habituales"; el otro de ellos, el Cheetah's, permitía a sus parroquianos comer todo el sushi que fueran capaces, eso sí, servido sobre los lomos arqueados de bailarinas semidesnudas. Una versión sofisticada de los bufés de nuestros chinos o de los tenedores libres de los argentinos. La crisis se los ha llevado por delante.

Sin llegar al grado de refinamiento (u ordinariez, como prefieran) de los garitos señalados, donde uno puede, a poco que lo intente, imaginar a ejecutivos de Rolex, corbatas de Hermés y Sebagos descorchando botellas de Moët en los años dorados, lo cierto es que el terremoto económico cada vez se nota más en el día a día que nos acompaña; y desde bien temprano. Porque, por ejemplo, según me comenta Carlos, mi informador privilegiado a pie de barra, se empiezan a terminar los desayunos de quinientas calorías y seis euros -"cortado con dos gotas de leche desnatada, mollete integral con aceite, tomate y jamón, y zumo"-, para ser más frecuente lo que denominábamos en tiempos de Carpanta un café bebido. Sin más zarandajas. Y a la hora de pagar ha desaparecido esa generosidad impostada que impedía abonar la cuenta al vecino-"esta es mía"-. Por el contrario, observen, se impone, terminado el desayuno, un gélido silencio que recorre los grupos de comulgantes a la espera de que el que menos sepa aguantar la presión, el más débil, acuda a apagar el incendio. Sé de lo que hablo. Si hasta el 2013 la cosa va seguir así, nos quedan por ver muchos clubes en bancarrota. Y muchos duelos en OK Corral a la hora de pagar el café. Qué rápido hemos pasado de Jauja a Tiesilandia.

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