La tribuna económica

Rogelio / Velasco

Desequilibrios y ajustes

EL sector privado representa más del 60% de la actividad en la mayoría de las economías occidentales, incluyendo la española. El sector público -que explica el resto- sólo gana peso de manera paulatina en economías que se encuentran en una fase de estancamiento o de moderada expansión. En los momentos actuales, sin embargo, la poderosa intervención de las Administraciones Públicas en España ha catapultado su peso en la actividad global hasta niveles próximos al 50%. Ese peso relativo no es sostenible si los impuestos recaudados no aceleran su crecimiento rápidamente. Una elevación rápida de los tipos impositivos, en estos momentos, estrangularía a las propias medidas de estímulo que el propio gobierno está poniendo en práctica.

La otra vía de financiación, la reducción del fraude fiscal -que es una asignatura pendiente de la democracia española- es una tarea larga, que no depende sólo -aunque sí fundamentalmente- de los trabajos de la inspección de Hacienda. Hay elementos culturales y de otra naturaleza que también tendrían que cambiar. Pero a pesar de la insostenibilidad a medio plazo de la potente intervención pública, en el corto plazo, no hay alternativas. El Banco de España señala en su último informe trimestral que el consumo de los hogares descendió en tasa interanual casi un 5%; aunque menor que en el trimestre anterior, indicativa de la grave depresión del gasto de las familias.

A pesar de la reducida inflación (en realidad, negativa), de tipos de interés históricamente reducidos, de los planes de obras públicas creadores de empleo, de la gran expansión del gasto por desempleo y de unos salarios nominales que han crecido este año cerca del 3%, no han podido todos estos factores jugar un papel compensatorio más potente sobre el gasto privado global en la economía española. El elevado endeudamiento de las familias, el fuerte crecimiento del desempleo y las tenebrosas expectativas que los hogares prevén para los próximos años, están provocando un reducción permanente del consumo de los hogares hasta niveles inferiores a la tasa de reemplazamiento de bienes de consumo duraderos y de una amplia gama de servicios. Sólo las ayudas públicas a la adquisición de automóviles, han logrado dar un pequeño respiro que, por su propia naturaleza, tenderá a reducirse en los próximos meses.

La transitoriedad de algunas de estas medidas públicas se ve reforzada por otras variables que no controlamos. Además del nivel de los tipos (que va a depender más de la evolución de Alemania y de Francia que de España), el elevado nivel del euro está permitiendo la importación de petróleo y de mercancías de todos los países del área dólar a unos precios excepcionalmente bajos. Esas variables tenderán a restablecer sus niveles sostenibles en la medida en que, con carácter más amplio, las economías occidentales vuelvan a tasas positivas de crecimiento. No hay otra opción sino la seguida hasta ahora: sostener la demanda a través de las ayudas al desempleo y continuar con los programas de obras públicas. Y mientras tanto, se ajustarán la deuda familiar respecto de la renta disponible, el volumen de crédito bancario al ahorro privado doméstico y la balanza por cuenta corriente a la capacidad de financiación exterior de la economía española.

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