Doble fondo

Roberto Pareja

Días de cine

EL deber cumplido da moral, quizá, pero no la regula, ni tiene por qué. He aquí una más de las burdas formas de reflejar la rampante ucronía, lo que pudo ser y no es, en la que se debate el presidente del Gobierno, ese foco de perplejidad, un mal que aqueja a los que interiorizan el discurso de Mariano Rajoy con el consiguiente corte de digestión de la palabrería tras el baño de realidad.

La cara no es necesariamente el espejo del alma, pero una sonrisa tan franca como la que exhibía ayer el presidente en Bruselas sí que es el espejo de esa rara felicidad que se cuenta por instantes, una dicha que se le multiplica con cada guiño que le hace Albert Rivera, todo un partido para el popular, una relación con la que el PP y Ciudadanos se harán mayores aunque nadie apostaría por que vayan a envejecer juntos.

Pero nadie le puede estropear el rato a ese hombre feliz. Vive días de cine. La claqueta hizo las veces de guillotina con Esperanza Aguirre, tan afectada que tras disparatar entre delirios de soviets, de costalera de Carmona (Antonio Miguel, PSOE), de gobiernos de concentración con Carmena (Manuela, Ahora Madrid) en sus primeros días de convalecencia poselectoral, ahora parece que se la ha tragado la tierra y no ladra ni Pecas. A quién no le viene a la cabeza con este par de presidentes la distinción que hacía Churchill entre rivales (los de otros partidos) y enemigos (los del propio).

El momento es tan feliz... La piña con Rivera augura kilos de piñones y ahí andan, parte que te parte y los partimos; con su azote a la deriva; y con elogios desde Obama hasta Putin pasando por el Foro de Davos a esas reformas económicas que nos condenan a la salvación con el mismo señor con el que hemos estado ardiendo, unos más que otros, hasta hace ¿nada? en el infierno del seudodesmantelamiento del Estado de bienestar... Hay que ser retorcido y diabólico para no empatizar con el sufrido presidente, que prepara un golpe de efecto con una remodelación ornamental del Gobierno y del partido de cara al duelo al sol de noviembre. El rival a batir, según aventuran en La Moncloa, será Pablo Iglesias. La película de Rajoy se las trae. No hay color. ¿Y qué hay de la moral? Sólo por las nubes.

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