Tribuna Económica

gumersindo / Ruiz

Dilemas del ahorrador

AHORRAR es, por regla general, cada vez más difícil, y ello se agrava con la escasa retribución que hoy tiene. Si alguien conseguía reunir con esfuerzo un capital, digamos de 200.000 euros, ahorrando o con la venta de una vivienda heredada, podía esperar, no hace tanto tiempo, una rentabilidad de un 6% en algo seguro como la deuda pública, lo que suponía unos 1.000 euros mensuales. Aun después de la retención fiscal era un complemento que venía muy bien para completar una pensión, y el consumo del capital podía esperar para una necesidad sobrevenida, o en su caso, dejarlo como herencia. Pero si aplicamos los tipos actuales de la deuda a diez años en España, que está en el 2,25%, los 1.000 euros no llegan a 400, que después de la retención fiscal es una cantidad escasa.

Las alternativas que hay son: o ir a plazos más largos, o arriesgar, o consumir el capital. En cualquiera de los casos, como las rentabilidades esperadas son bajas, el ahorrador está obligado durante su vida a hacer un esfuerzo adicional y ahorrar todavía más. Los plazos largos no son un consuelo, pues para conseguir un 3% hay que comprar deuda a treinta años; y el riesgo supone entrar en países como Portugal o Grecia, que están -a diez años- en un 3 y un 5,7%, respectivamente. La deuda de empresas tampoco ofrece diferencia respecto a la deuda pública. Otro tipo de riesgo es el de la bolsa, bien directamente o a través de fondos de inversión, pero no son alternativas fáciles para obtener una renta; la bolsa española, pese a las subidas, está todavía tanteando los niveles de 2010 y 2011, y lejos no ya de los máximos de los años de la burbuja, sino incluso de una fecha como 2001.

Lo que se discute actualmente no es la subida del interés del ahorro, sino hasta dónde puede bajar todavía. En mi opinión, si los tipos a diez años en Alemania suben algo para acercarse a los de Estados Unidos, y considerando un diferencial de un punto porcentual, podemos esperar que se mantengan los tipos en España en el entorno del 3%. La bolsa tiene incentivos para subir, pues los ahorradores no saben qué hacer con el dinero y tratan de obtener alguna rentabilidad. Como me decía un analista de mercados, "todo flota sobre la marea de liquidez que crean los bancos centrales".

El economista John Maynard Keynes, que era poco amigo de los tipos de interés altos, porque no favorecían la inversión productiva, hablaba de "eutanasia del rentista", para describir una situación como la que vivimos, en la que se aceptan en perjuicio propio tipos cada vez más bajos. Sin embargo, en España la inversión pública y privada está en mínimos, y las empresas no aprovechan los tipos tan bajos para endeudarse e invertir. Por otra parte, inversiones alternativas como los alquileres no están al alcance de la mayoría, y la inversión colectiva en alquiler es incipiente. Qué campo tan interesante de ideas se abre aquí para que el Gobierno central y autonómico se plantee como dirigir este ahorro sin esperanzas a proyectos de inversión a largo plazo, con una buena rentabilidad social y privada, evitando la especulación y sus riesgos.

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