La ciudad y los días

carlos / colón

Sin Dios y sin Cervantes

SE me cruzan la lectura de un libro del cardenal Müller y la de un par de artículos de Javier Marías. No son contrarias sus preocupaciones sobre el olvido, de Dios en el caso del primero y de Cervantes en el del segundo.

En su muy recomendable Informe sobre la esperanza publicado por la BAC, el cardenal Müller afirma: "Constatamos con gran tristeza y preocupación que pocos de nuestros coetáneos, especialmente jóvenes y niños, educados en un mundo sin Dios, confíen en que la historia, incluso su misma historia personal, tenga una trama, un origen y un destino…. No contando con un relato noble que les eleve, que dé sentido a toda su vida, que explique por qué están aquí, para quién vivimos, por qué sufrimos… el resultado solo puede ser una crisis de la esperanza".

De obispo Müller al escritor Marías. Que jóvenes y niños, según Javier Marías, sean víctimas de esa "ignorancia brutal y deliberada que nos domina desde hace décadas", les priva de la posibilidad de elevar, ensanchar y dar sentido a sus vidas; o la de afrontar su carencia de sentido con coraje y nobleza, como esos personajes de Joseph Conrad que tanto admira Marías. Indignado por la indiferencia institucional y social española ante el centenario cervantino, escribe: "La actitud general de los españoles respecto al pasado viene a ser ésta: 'Los muertos no nos conciernen'. La gente que no está aquí, que no hace el memo para distraernos, que no suelta idioteces en las redes; la que no forma parte de la bufonada perpetua que nos alimenta y del jolgorio zafio, (…) ¿qué nos importa? A los políticos, desde luego, sólo les interesan aquellos que pueden ser utilizados, o arrojados a la cara del contrario… Pero ¿Cervantes? Si ni siquiera sabemos si sería de derechas o de izquierdas, ¿para qué nos sirve? […] ¿Por qué habría de importarle Cervantes a una sociedad ahistórica y tirando a iletrada?" (El País).

Tanto en el caso del obispo como en el de Marías se reivindica una relación culta con el pasado que permita construir un presente humanamente habitable. La experiencia religiosa y la literaria abren horizontes ilimitados a la existencia humana, la ahondan en busca de su sentido o mirando cara a cara su sinsentido. No hace falta ser creyente. Ateo era el Bloch de la monumental El principio esperanza y el Camus que dijo "estoy buscando algo que no tengo, algo que no estoy seguro de poder siquiera definir".

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