UNO que lo vio huir a galope tendido de un entrenamiento en Cartaya para refugiarse sentado en un poyete de la calle mientras le abrían el autobús del equipo no puede más que alegrarse de la soltura con que hoy vuela hacia una patria desconocida en busca de nuevos retos profesionales.

Una mirada que constantemente quería salir corriendo, un talento infinito aprisionado en una mente con miedo al éxito... la delicada situación que Jesús Navas vivió hace unos años no era ninguna tontería. El club, la familia, los psicólogos, también los medios a su manera... todos ayudaron a que este gran futbolista venciera aquellos fantasmas y sea, hoy por hoy, lo que es; entre otras cosas, campeón del mundo y de Europa.

Siempre quedará en el fondo de su mirada esa pizca de incomodidad cuando una cámara lo enfoca y no está en el terreno de juego, pero este portento físico con apariencia de colibrí les ha dado una lección a los que no daban un duro por que cruzara solo la calle. Su millonario traspaso al fútbol inglés lo confirma como uno de los grandes del fútbol mundial, permitiéndose el lujo de hacerlo no marcándole un gol ni al arcoíris.

Si dicen que el Sevilla se fijó en él en una mañana en Los Palacios en la que regateaba hasta los charcos, ni los nublados de Manchester ni la distancia de su tierra han de frenar a un grandísimo futbolista que se llevó mucho tiempo con el precinto puesto, pero que una vez que se liberó de él puede llegar hasta donde se proponga. En Sevilla hubiera pulverizado todos los récords vigentes, pero eso, siendo algo grande, se le quedaba chico.

Aprendió a regatear charcos, defensas que le llegaban en pack de tres y periodistas que le repetían tres veces la misma pregunta. Uno que llegó a ver en sus ojos el deseo irrefrenable de mandar el fútbol a la mierda celebra que este deporte haga posibles cosas que parecían impensables y que siga repitiendo su verbo preferido: disfrutar. Que lo diga y que lo haga.

Tags

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios