La ventana

Luis Carlos Peris

Disfrute y temor a la misma vez

DORMIR sin necesidad de que nos auxilie el hitachi es una delicia que habíamos olvidado. Con la ventana abierta es un placer la somnolencia y eso lo comprobamos en estas dos últimas noches con el contento por una situación que ni recordábamos. El verano ha sido inmisericorde por culpa de ese maldito viento de levante que arrancó en el ecuador de julio y que apenas dio tregua. Por eso, estas últimas noches han sido tan sorprendentemente placenteras, como un gozo que anidaba por los últimos rincones del olvido. Ya hemos señalado alguna vez cómo el puñetero viento que llega de la mano del sol ha goleado a su contrincante el poniente para martirio de cuantos moramos de Algeciras p'acá. Pero con las credenciales de este verano tan bisiesto y tan cabrón, el retorno del viento puñetero se fía para más pronto que tarde y vuelta la burra al trigo. Qué horror.

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