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Disputas ibéricas

No comparto la moda de atacar proyectos de ciertos territorios por las majaderías de unos pocos, aunque esto es muy español

Como supongo les ha ocurrido también, el Whatsapp (el chat del trabajo, el de los hermanos, el de los primos, el de la pandilla, el de la tertulia, el de los antiguos alumnos del colegio, el de los padres de los alumnos de ahora…) echaba humo el fin de semana, bramaba con ese tonillo criticón y populista, como de adolescencia tardía, tan característico de las conversaciones digitales de ahora. El personal, desde luego, no perdona una, y si hace unos meses se lanzaba en tromba contra la última película de Fernando Trueba (malísima, por lo visto, aunque no era ése el debate) por unas desafortunadas y displicentes declaraciones suyas (con lo bien que viven, no sé yo qué les ha hecho la pobre España a esta gente…), ahora la han tomado con otra, El Guardián Invisible, de la que incluso nos han revelado su misterioso final.

La película en cuestión es una adaptación de la exitosa trilogía del Batzán de la escritora Dolores Redondo, flamante premio Planeta, rodada hace un año y producida por el mismo Grupo Planeta con un coste de cinco millones de euros, de los que una quinta parte ha sido subvencionado. Una buena película, dicen, que ha tenido un prometedor estreno en taquilla el pasado fin de semana, pero que ha topado de repente con un obstáculo inesperado: una actriz secundaria del reparto, la tal Miren Gaztañaga, participó hace unos días en un programa de la televisión vasca en el que al parecer dijo algunas tonterías sobre España y los españoles (otra…), lo que ha sido aireado de inmediato en las redes por los torquemadas digitales y aficionados habituales a rasgarse las vestiduras, con notable éxito propagador a lo que se ve, con la amenaza de mandar la cinta (y el trabajo, talento e inversión de años, de paso) a la hoguera de nuestras miserias colectivas.

Me parece legítima y hasta oportuna la crítica justa a quien, desde cualquier posición, insulte sin motivo a los demás, mucho más desde un medio público que pagamos todos, pero no tengo yo tan clara la eficacia de estas campañas de desprestigio en las redes sociales, entre otras razones porque sospecho que ni sus propagadores ni sus potenciales destinatarios son especialmente aficionados al cine, y menos al cine español. Y no comparto esta moda de atacar los proyectos o los productos de ciertos territorios por las majaderías de unos pocos, aunque en el fondo todo esto no deja de ser muy español.

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