Gafas de cerca

josé Ignacio / Rufino

Divorcio a la española

EL blog más visitado del mundo se llama Freakonomics, Economía friki. Sus titulares, el profesor Levitt y el periodista Dubner, no pasarán a la historia por su ortodoxia científica, y nunca obtendrán un Nobel, pero la naturaleza racional-esotérica -un contradictorio concepto recién parido- de sus hallazgos hace muy atractivos sus estudios, y no digamos en comparación con quienes sí investigan con parámetros habituales. Sus propuestas surgen de poner en duda lo evidente e indagar en relaciones causa-efecto que en muchos casos resultan eso, frikis, del género rarito y hasta majarón, muy juguetonas con lo subyacente y lo oculto: han concluido, por ejemplo, que, como sucedió en un centro educativo israelí, si se multa a padres con tres euros por llevar tarde a los hijos al colegio, el efecto conseguido es un incremento de tal demora, al aliviar la multa la carga de conciencia de los padres; qué son tres monedas ante un ataque de pellizcos en la conciencia durante toda la jornada laboral. O que el descenso de la población reclusa en los 90 en Estados Unidos se debe a una ley del aborto promulgada veinticinco años antes, que hizo que muchas mujeres de barrios marginales evitaran tener hijos delincuentes.

Ayer lunes supimos que con la desaceleración de la crisis -creo que acabo de acuñar una expresión muy de experto; la cedo a la ciencia- el número de divorcios ha crecido. ¿Da esto para un frikipótesis? Y para varias, según el criterio y el sesgo del investigador. Si medimos conjuntamente la cantidad de divorcios anuales y las tasas de crecimiento del PIB, parece claro que cuando la cosa va a peor la gente se separa menos, y viceversa. La hipótesis subyacente puede ser: "Las parejas cuyo amor estaba fatalmente dañado al comenzar la crisis han aguantado hasta percibir aires de mejora y/o poder pagar al abogado". Pero también ésta vale: "La crisis se ha llevado por delante mucho compromiso y proyecto común, y antes de ellos, al amor". O hasta esta otra, algo más propia de la Rota Romana y como más defensora del vínculo: "La crisis es reflejo de la corrupción política, que lleva aneja la corrupción de los valores, del sacramento y el contrato moral, y del bien superior que deben ser los hijos". (Cabe, por qué no, negar la mayor y así afirmar que la crisis está aquí todavía, aunque las compuertas del crédito se vuelven a abrir, quizá anunciando el adviento de una nueva burbuja).

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