EL primer teniente de alcalde y concejal de Infraestructuras para la Sostenibilidad, Antonio Rodrigo Torrijos (IU), incurrió ayer en una flagrante contradicción al pronunciarse, con su particular verbo, sobre dos proyectos de la ciudad que sufren una "sobredilatación" (sic) en cuanto a sus plazos de conclusión y a los que en la víspera se había referido el alcalde: la línea 1 del Metro y las setas de la Encarnación. Después de que Monteseirín instase a la UTE del Metro a inaugurar el suburbano para Semana Santa, Torrijos ha declarado que "frente a la intencionalidad de acelerar" (sic) la apertura del Metro, la seguridad ciudadana y las garantías de uso posterior deben constituir los elementos "centrales y neurálgicos" de la política a seguir. Al margen de la singular retórica de Torrijos, su posición nos parece inobjetable y, además, coincide con la doctrina oficial que vienen manteniendo las administraciones respecto del Metro: ya, tras más de dos años de retraso, da igual el tiempo que se tarde porque lo más importante es garantizar la seguridad de los usuarios y vecinos tras las incidencias registradas (la última, el hundimiento del quiosco en la Puerta de Jerez). Sorprendentemente, sin embargo, Torrijos se ha pronunciado a favor de la apertura parcial de las setas de la Encarnación aunque las obras no estén acabadas con tal de que las disfrute la ciudadanía. Peregrino argumento éste que se contradice con el anterior, ya que en este caso antepone la consideración del supuesto divertimento a la seguridad en una obra tan compleja. De haber aplicado esa tesis al Metro, la línea 1 podría haberse abierto parcialmente desde el Aljarafe hasta la Plaza de Cuba, para disfrute y utilidad de los usuarios y alivio de la congestión del tráfico en el área metropolitana. Cuando tan sólo el gran movimiento de camiones para los parasoles ya provocó la amputación de una pierna a una joven en la Encarnación, parece un tanto frívolo o una imprudencia manifiesta alentar la apertura al público de una seta mientras los albañiles, técnicos y grúas siguen trabajando alrededor, con el riesgo que ello supone. Torrijos debería saberlo mejor que nadie, pues no en vano se convirtió en el adalid de la lucha contra la siniestralidad en las obras de Sevilla.

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