La ventana

Luis Carlos Peris

lcperis@diariodesevilla.es

Qué fue del Domingo de Resurrección

Este que hoy aparece en el calendario de nuestras vidas era como el punto de inflexión más rotundo de la primavera. Era el día en que tras la Soledad, que sigue viviendo en San Lorenzo, llegaba un rito en el que se muere de verdad. Amanecía Domingo de Resurrección, se apagaban las cornetas y los tambores para que surgiese la cita con la gloria o la muerte al son de esos clarines que llevan el miedo en los tuétanos. Y en este día reaparecía un dios laico que vestía sedas y oro para aparecer faraónico, inmarcesible por calle Iris. Han pasado veintiún años de aquel último Domingo de Resurrección en que Sevilla se venía arriba al tañido de la ilusión. Y se sucedieron esas citas pero ya con el mito en sus cuarteles de un invierno que se está prolongando demasiado en este maldito tiempo nuevo. Lo que daríamos por un día como aquél, aunque ya no esté no esté Romero en él.

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