Por montera

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Donación multicolor

TODO lo que puede ocurrir acaba pasando. Que se lo digan a Jennifer Cramblett, una mujer de Ohio, EEUU, que fue a una clínica de fecundación para ser madre. Acompañada por su pareja, Amanda Zinkon, esta señora quedó encinta en diciembre de 2011. Hasta ahí, bien. A los cinco meses, ya con Jennifer premamá y entendemos que sumergidas ambas en el entusiasmo que van insuflando las hormonas y las compras, la pareja acudió de nuevo a la clínica. Esta vez con la intención de que también Amanda fuese inseminada por el mismo donante. Querían tener hijos de edad casi coincidente y con el mismo padre. Pero al realizar las comprobaciones que estos lugares tienen previstos en sus protocolos, y que se creerían infalibles, se descubrió algo que cambió la historia -porque todo lo que puede pasar, pasa-: en la clínica había habido una confusión a la hora de elegir el material masculino para la donación. Jennifer había sido inseminada con la generosidad de un ciudadano afroamericano. Negro. No blanco, como ellas creían y habían solicitado.

La naturaleza siguió su curso, y el 21 de agosto de 2012 Jennifer fue madre de una preciosidad de niña a la que llamaron Payton. Mulata, con un encrespado, rebelde y negro pelo. Con ojillos curiosos que ansían el mundo. Con una sonrisa en la que se agitan la dulzura y la picaresca.

Jennifer y Amanda son madres rendidas a su hija, a la que aseguran que adoran. Pero muy descontentas con el servicio recibido en el centro de fertilización, interpusieron una demanda. En concreto, solicitaron una indemnización de 50.000 dólares, acusando al banco de esperma de "nacimiento injusto". Un juez ha desestimado esta misma semana tal petición. Desconozco de qué manera un nacimiento puede ser injusto. Los he conocido alegres. Duros. De riesgo. Inesperados. Hasta sorprendentes. Pero, ¿injusto? ¿Un nacimiento puede ser injusto?

El centro de donación se ha disculpado diciendo que los registros de los donantes estaban hechos a mano. Y es que estas cosas va conviniendo hacerlas a máquina. Lo del registro, quiero decir. Me intriga saber cómo acabará esta historia cuando la pequeña Payton vaya teniendo edad para razonar; pero sospecho que ella misma podrá explicarle a Jennifer y Amanda, sus abnegadas madres, dos cosas: que un nacimiento no puede ser injusto y que lo que puede ocurrir acaba pasando. A mano o a máquina.

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