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rafael / sánchez Saus

¿Quién es Donald Trump?

PUEDE hacer algo más Donald Trump para perder las elecciones? Hace unos meses, al comienzo de las primarias y tras los grandes éxitos republicanos en los comicios de los últimos años, todo parecía augurar una derrota del Partido Demócrata. La aplastante impopularidad de Obama, a pesar de que en Europa siga teniendo un inmerecido cartel, y la turbia imagen de la que parecía única candidata posible de su partido, Hillary Clinton, ponían las cosas fáciles al GOP y quizá fuera eso lo que propició un gran número de postulantes en sus primarias. Esa división fue la principal baza de un personaje como Trump, quien pudo ir concentrando el voto más resentido y populista mientras sus rivales se destruían unos a otros. Hoy, cualquiera de ellos, un Ryan, un Rubio, no digamos Ted Cruz, serían firmes opciones ganadoras contra una Hillary que ni siquiera las tiene todas consigo frente a un espantajo como Trump. Recordemos que incluso el outsider Bernie Sanders, con todo el aparato del Partido Demócrata en contra, estuvo a punto de privarla de la candidatura.

Es obvio que sin Trump enfrente, Hillary Clinton no podría ganar. Pero es que Trump ha sido a lo largo de toda su vida, y sigue siendo, el contrapunto más desvergonzado de todo lo que el partido Republicano representa. Ello explica el gran número de republicanos que ya hace tiempo, y en cascada ahora, se han desmarcado de su candidatura y aún más de su persona. A pesar de la operística puesta en escena de los grandes debates entre Hillary y Donald, y de la acritud que los ha dominado para regocijo de los medios, no se puede olvidar que durante muchos años Trump fue votante y simpatizante demócrata y sostuvo con los Clinton una intensa amistad. El millonario sufragó las campañas senatoriales de Hillary, aportó fondos a la fundación de la pareja y era compañero frecuente de las partidas de golf de Bill. En consonancia con todo lo anterior, los Clinton, ella y él, asistieron como invitados distinguidos a la boda de su amigo Donald con su tercera y actual esposa. ¡Qué mejor corolario a tan bonita relación que poner en bandeja de plata a su vieja amiga la primera magistratura del mundo! Y de paso, afianzar los negocios propios, dividir a los republicanos y hacer posible el programa de máximos que Hillary propone en aspectos tales como el aborto y la agenda LGTB. Una jugada perfecta.

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