Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Dura cuaresma para este Betis

Cuarenta días y cuarenta noches después del drama, raro es el día que el bético no ha desayunado un sapo

CUARENTA días y cuarenta noches después de la gran tragedia, cada día es, en el Betis, más triste que el anterior. Jugadores que se quieren ir, jugadores que no quieren venir, ofertas irrisorias según ese gran mareador de perdices que rige los designios del club, faltas de ortografía institucionalizadas -esto es lo peor- y cuentas televisivas que no salen porque, entre otras muchas cosas, no pueden salir. El fútbol de Segunda División no le interesa a nadie en términos generales, por lo que no puede pretender el Betis acercarse a lo que cobraba antes por derechos televisivos, lo que genera una pena más, una pesadilla más.

Cada día, un nuevo sapo para el desayuno de ese bético que lleva cuarenta días y cuarenta noches preguntándose que cómo su equipo ha podido irse al infierno. Un solo gol condenó al Betis a pasar lo que está pasando y lo que va a pasar, que esto no ha hecho más que empezar. Un gol cualquiera, uno más a favor u otro menos en contra, por lo que hasta aquel gol de Kanoute en el descuento del último derbi pudo ser determinante para que el Betis ande como anda. Una dura cuaresma ya preguntándose el bético de a pie cómo hay tantos futbolistas queriendo irse y tan pocos deseando vestir una camiseta tan anhelada en otro tiempo y tan despreciada y depreciada ahora.

Lo último es saber por dónde leches van a poder verse los partidos del Betis la próxima campaña. Aquella jugada fabulosa del gran prócer poniéndose en manos de Prisa le ha salido por la culata con el descenso y, posiblemente, sin él. Se quedó solo ante todos los demás y ahora está igual de solo, pero en Segunda División, esa categoría que no le interesa a nadie por mucho que la propale el inefable portavoz que Lopera se sacó de no se sabe qué sacristía de las muchas que prodiga. Y si lo último que saltó es esto de la tele y su maldito parné, aún queda por padecer algo que irá haciéndose latente con el paso del tiempo, que ascender es infinitamente más complicado que mantenerse.

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