BREVIARIO

Alejandro V. García

EPA y Kate

EL murmullo de la multitud se confundía con los lamentos de los analistas, y ambos, encadenados, formaban una sinfonía neurótica de un solo movimiento que embelesaba a la muchedumbre. En las pantallas, las chisteras de piel de castor se superponían a las barras estadísticas que señalaban el crecimiento del paro. Las gabinas de los cocheros y los tocados de la realeza llegada de todos los continentes competían en estatura con los cartogramas estadísticos. En ese punto los telespectadores ya se habían acostumbrado a recibir al mismo tiempo lecciones sobre el arte de colocarse una pamela y consejos para sobrevivir a la hecatombe económica, de manera que cuando abandonaban el sillón del cuarto de estar para aliviarse en el retrete sentían un extraño peso en la cabeza: no sabían si llevaban una gasa finísima o que una mano delicada les estaba tomando el pelo. Las dos divas del día, EPA y Kate, trataban de reinar en las informativos matinales y como si pertenecieran dos monarquías rivales se pisaban mutuamente el perfil y, a veces, la cola. Mientras los novios se besaban en el balcón de Buckingham, en las cajas fuertes de los bancos los mercaderes del capital intercambiaban ósculos cómplices. Lo único raro fue que la guardia de Rajoy no apareciera cabreada en los telediarios denunciando que la boda era una cortina de humo de Zapatero para disimular la degollina.

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