la tribuna económica

Rogelio / Velasco

Economía política de la crisis europea

GRECIA se incorporó a la UE en 1981, en plena crisis mundial por el segundo shock del petróleo. La decisión de sumar al país al proyecto europeo fue esencialmente política. Aun con el objetivo a largo plazo de ampliar el número de miembros del club, los países occidentales querían tener una mayor presencia en esa zona geográfica, en donde se lindaba con regímenes comunistas y con la Turquía anterior a su modernización. Toda una geografía del atraso económico.

Se trataba de mostrar a esos países el modelo de éxito de un mercado común que liberalizaba las economías, incrementaba las relaciones económicas entre sus miembros, prestaba ayuda a los países con menores recursos y estimulaba el crecimiento, todo ello dentro del sistema democráticos de los que carecían los vecinos.

Y durante muchos años Grecia respondió con un mayor crecimiento y generación de empleo, marcando un contraste con la época anterior y con sus vecinos. Crecimiento en parte debido a las cuantiosas ayudas comunitarias, pero también al aprovechamiento que siempre se obtiene cuando un país incorpora nuevas tecnologías y formas de organización de sus vecinos más avanzados.

Al no existir el euro, el dracma podía ser devaluado para restablecer la competitividad internacional de la economía, como se hizo en 1983, 1985 y 1998. Estas devaluaciones fueron consecuencia de políticas monetarias y fiscales insostenibles. Ninguna medida puede hoy restablecer la competitividad rápidamente desde la incorporación al euro. Sin embargo, la política fiscal ha seguido siendo insostenible.

La posible convocatoria de un referéndum parece políticamente lógica, porque las condiciones impuestas para recibir el próximo paquete de ayudas, impone importantes limitaciones a la soberanía económica del Estado. El problema es que Grecia puede verse obligada a abandonar el euro sin necesidad del referéndum, porque le va resultar imposible colocar deuda alguna y el paquete de ayuda no será suficiente. Todos los préstamos públicos internacionales tendrán que ser posiblemente condonados. Y el recorte de los privados bastante mayor del 50% anunciado.

Los griegos están ya retirando grandes cantidades de depósitos de los bancos y, los que pueden, sacándolos del país. En la medida en que este proceso tome fuerza, la quiebra del sistema financiero está asegurada. Pero aun saliendo del euro no estaría garantizada la sostenibilidad. Desde el punto de vista legal, posiblemente Grecia no pueda denominar su deuda internacional en dracmas, por lo que tendría que continuar pagándola en euros. La devaluación que tendría que llevar a cabo sería brutal, para que el país ganara competitividad y mostrara un superávit por cuenta corriente elevado. El marasmo se completaría con la nacionalización de todos los bancos y la generación de alta inflación para reducir el valor real de las deudas.

Cuando un país se siente acorralado desde el exterior, un resultado frecuente es la exaltación del nacionalismo, el rechazo a todo lo exterior y, antes, con frecuencia, la guerra. Esperemos que este nuevo episodio no genere un efecto dominó que nos afecte de lleno.

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