Trinidad Perdiguero

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Eje transversal

Una Andalucía que se vertebra con ciudades medidas no debe abandonar sus trenes

Después de 25 años haciendo el recorrido entre Andalucía central, desde Archidona y la comarca de Antequera, hasta Sevilla, esos viajes me han marcado. El primer contacto con algunos de los pueblos sobre los que he escrito fue esa ruta. La hacía a veces en autobuses, que dejaban cada poco la A-92 y zigzagueaban con maniobras imposibles para recoger y dejar a viajeros en La Roda, Estepa, Osuna, Arahal, Alcalá. Escrutaba desde el asiento calles y ventanas -tan distintas-, los cerros coronados de edificios (San Cristóbal, la Colegiata, la Parroquia de La Puebla de Cazalla, Gandul, el Castillo junto al Guadaíra), indicativos que me ayudaron después a situar parajes y municipios más alejados. Nunca corría las cortinas.

Aunque siempre preferí el viaje en tren: campo a través, sin desvíos, con su cadencia, la amabilidad de los revisores y su mezcla de turistas, estudiantes y familias. Recuerdo las primeras veces que atravesé campos de girasoles en junio, las lomas peladas de la Campiña entre las que alguien ha mantenido en pie un árbol casi fantasmal. De Osuna a Marchena, se ve ganado bravo y destacan los silos entre el abandono de las afueras. Cuando amanece, puede identificarse esa "niebla de la mañana huyendo por los barrancos", como en los trenes de Machado.

Pero hace ya algunos años que es difícil coger trenes en algunas de esas estaciones intermedias que conozco. Ello, a pesar de que son las que conectan los pueblos grandes, los que de verdad vertebran Andalucía, aunque las capitales quieran su AVE, convertido en signo de progreso y equidad.

Se cerró el trazado hasta la Estación La Romera, en Archidona. Por unas obras que no acaban de terminar -como la conexión con Granada de la que tanto se ha escrito- también quedó inutilizada temporalmente la de Antequera. Hay que hacer kilómetros en coche hasta Antequera-Santa Ana, situada entre olivos y sin transporte público, salvo taxis, pero donde puede cogerse el AVE. En octubre, la caída del puente de Aguadulce acortó aún más el trazado convencional que atraviesa Andalucía de Este a Oeste, que ya renqueaba cuando llovía con fuerza. Es momentáneo, hasta que se termine el trazado alternativo por el Eje Transversal, la plataforma para un AVE que nunca fue. Mientras, hay que transbordar en autobús en Pedrera o en Osuna y se puede coger el Avant, pero el billete cuesta el doble.

Pensaba en todo ello en mi último viaje a Sevilla, con mi hija, mientras cambiaba del coche al autobús y del autobús al tren, la mañana del Domingo de Resurrección. Recordé lo que pasa en Extremadura por el abandono o el parcheo de la red convencional y en las inversiones que no acaban de culminar en Andalucía, pese a las fotos y las infografías y estas campañas electorales que se suceden. Hasta que empecé a mirar qué temas tendría que abordar en el periódico al día siguiente: tocaba viajar a Coripe -donde no llegó a circular el tren, su trazado es una vía verde- porque la noticia política del día fue la quema de un muñeco convertida en problema nacional.

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